All the Dead Pilots

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Eramos olímpicos, aunque de otra forma: porque éramos más altos, más jóvenes, más guapos…

Y con esta cita al que es seguramente mi post favorito (en gran parte porque les gustó tanto a Marta y José Luis), un post escrito en el 2003 sobre la fascinación que sobre nosotros tuvo el boom (nuestro pequeño boom) de los noventa, queda suspendida sine die la actividad bloguera de quien esto escribe. Han sido casi ocho años, mi primer post lo escribí mientras una bellísima checa me acariciaba el pelo de la nuca, y uno se puede permitir mirar con cariño al pasado.

Ahora háganme caso y agarren un libro (a ser posible que traiga mi cuento favorito, “All the Dead Pilots”, de Faulkner), o escriban un libro, o escriban un libro que valga la pena agarrar porque tenga páginas tan buenas como “Todos los pilotos muertos”. Nos hará bien.

Wet the envelope

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En enlace a esta tragedia epistolar me lo manda mi querida María Ospina, que está montando una exposición en Santa Fé (de Bogotá) sobre postales y esas cosas. Cualquier referencia a lo epistolar que me puedan dejar en comentarios será infinitamente agradecida. Yo, aparte de la escena en la que mi vecino John Malkovich escribe sobre la espalda desnuda de una adolescente Uma Thurman, no he podido menos que recordarle la existencia de “The Letter”, con la letra tan clara, con el fraseo que tan explícitamente recuerda la dimensión física, corporal, de la correspondencia vieja…

Thoughts vanish

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Life knows us not and we do not know life - we don’t even know our own thoughts. Half the words we use have no meaning whatever and of the other half each man understands each word after the fashion of his own folly and conceit. Faith is a myth, and beliefs shift like mists on the shore; thoughts vanish; words, once pronounced, die; and the memory of yesterday is as shadowy as the hope of tomorrow.

El Guardian celebra los 150 años del nacimiento del inmenso Joseph Conrad, de quien es la cita. Ya lo dijo Juan Benet, “solamente hay cinco genios escribiendo en inglés en el s.XX y uno de ellos era polaco”.

(Otro, obviamente, es Faulkner. Me pregunto quiénes serían los otros tres de su lista…).

A Lesson for this Friday

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“‘We’ve been testing you,’ said Woland. ‘Never ask for anything! Never for anything, especially from those who are stronger than you. They’ll make the offer themselves, and give everything themselves. Sit down, proud woman’”.

Bulgakov, Mikhail.  The Master and Margarita. Trans. Richard Pevear, and Larissa Volokhonsky.  London: Penguin, 1997. p. 282.

Uno no aprende nunca nada.

Resuma este párrafo en cuatro palabras

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Ya que se me tacha de pertenecer a un supuesto sector conservador duro, me gustaría recordarle la entrevista que concedí a una periodista que trabaja para el diario El País, publicada el 11 de junio de 2006, y donde dentro de la normalidad que entiendo debe guiar toda convivencia democrática reconocí mi homosexualidad y cómo me había casado. Y lo hice por una única motivación: exigencia personal y ética. Subrayando, igualmente, como no conozco muchos ejemplos parecidos dentro de la esfera pública, cuando, al día de hoy, aún son necesarios.

Es decir: “Yo no soy Rajoy”. “Yo” anhadido por mor del imprescindible énfasis.

Grande-Marlaska se defiende así, mezclando ética e ideología y revelando que lo que tiene en la cabeza cuando se sienta a escribir es un dato que es ya vox populi y que los votantes conservadores y clericales del PP tienen todo el derecho del mundo a conocer, por repugnante que pueda ser su decisión posterior.

Los susurrantes

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Carlos Giménez saca libro sobre la Guerra Civil. Mientras tanto, en otro punto del continuo espacio-temporal, los obispos patrios se dan de hostias:

Las divisiones internas, casi siempre soterradas, son en esta ocasión muy visibles desde que el lunes pasado el presidente de la CEE, el obispo Ricardo Blázquez, se alejó, en un sonoro discurso, de las tesis oficiales de la conferencia sobre cómo asumir responsabilidades por el golpe militar contra la II República, la calificación de la Guerra Civil como “cruzada” y el apoyo de la Iglesia de Roma a la larga dictadura del general Franco.

Blázquez también matizó la visión del episcopado sobre la reciente beatificación de 498 católicos asesinados en aquel enfrentamiento fratricida e, incluso, sobre el rechazo de la llamada ley de la Memoria Histórica. Además, calificó de “decisivo” y “don de Dios para la Iglesia y la sociedad española” el trabajo del cardenal Vicente Enrique y Tarancón durante la transición de la Iglesia de Roma hacia la democracia, y como impulsor en España de las numerosas reformas del Concilio Vaticano II.

A la mayoría de los obispos actuales -quedan sólo seis que lo eran cuando el mítico cardenal se jubiló-, la figura de Tarancón les resulta ajena, cuando no antipática, por haber pilotado una transformación que hace años que les resulta incómoda. Un ejemplo es el juicio que el líder del catolicismo español entre 1971 a 1981 tuvo sobre el franquismo, un asunto que siempre ha envenenado las relaciones entre el episcopado moderado y el conservador. La discordia ha vuelto a surgir esta semana.

Finalmente, The Whisperers, sobre la forma total en que el regimen estalinista se infiltró en todos los reductos de la vida cotidiana soviética, más allá de los casos conocidos de los intelectuales (no por ello menos valerosos) como Ajmatova, Mandelstam, Bulgákov… Esta es la materia de la que salió la fiesta infernal que es El maestro y Margarita.

[Habrá quien acuse esta entrada de equidistante, de apologética, de, al yuxtaponer represión franquista y estalinismo en esta entrada, caminar por la senda tenebrosa de los revisionistas como Moa y el PP actual. Francamente, me da igual. Lo que no me da igual es que en los medios de la “izquierda” no se mencionen nunca (o muy de pasada) a los 50.000 muertos por la represión en el bando republicano, como si ya hubieran agotado su ración de recuerdo después de cuatro décadas, sea tarea de los medios “del otro bando” el tenerlos presentes, hablar de ellos implique convertirse en cómplice de la propaganda revisionista filofranquista de la COPE o LD, o sabe Dios qué]

For unto us a child is born… do you want a piece of him?

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christmas

In the ’90s, Muzak reinvented itself with a new philosophy called audio architecture. The company sold music in public places not as a tranquilizer but as a means to enhance the shopping experience, as the marketing jargon goes. As Alvin Collins, a founder of the concept, explained to Owen, he was creating “retail theater.” Muzak wasn’t about soothing music anymore. “It was about selling emotion — about finding the soundtrack that would make this store or that restaurant feel like something, rather than just being an intellectual proposition.” That’s why you now can’t escape the Cure in Urban Outfitters or the Gipsy Kings in any Mediterranean restaurant; both are trying to match their wares to the music their target audience supposedly likes. Whether or not a particular business is a client of Muzak’s, they are driven by the same concept: Retail theater is all about consumption and music is a star of the show.

That leads to a deeper reason that music in public places gets under your skin. You hear songs that once lifted your spirits employed to sell you a computer. I don’t see much difference between using music to make you feel good about a dining experience and using it to sell you a car on TV.

Pero…

I’m going to get jumped on, I know it, but sometimes I actually like store music. My husband and I started dancing to some very silly 50’s tunes the other day, and everyone around us cracked up.

Hoy, viernes tras el Día de Acción de Gracias, empieza oficiosamente la temporada de compras para Navidad en los EE.UU. Los shopping rebosan, los malls enloquecen, los centros comerciales pegan un pistoletazo y aceleran el frenesí de su liturgia. Momento para recomendar para el futuro cercano estas bellas muñequitas de Kaori que cruzan el hentai con… bueno, una de esas películas en las que Tarantino se inspiró para la primera parte de Kill Bill. Mientras, en Salon recuerdan que el miércoles fue el día sin música en el Reino Unido. Todo un día sin música. Y aun así recuerdo cómo, por casualidad, una tarde el segundo movimiento de “La muerte y la doncella” se le tiró encima de forma arrebatadora en una librería sin aviso y me hizo llegar conscientemente tarde a clase.

La sierra, que le gustaría a Niño Pol, es cortesía de Dadanoias, que me recuerda su existencia.

[En el NY Times hablan del videojuego sobre la última guerra civil española. Nada puede compararse ni de lejos al hilo de los zetas en ca’ Nacho, pero sobre el tema en Elástico tuvimos un hilo delirante creciendo callado como la gangrena o como crece el verdín en noviembre en una piscina que nadie se ha preocupado en vaciar. Ahí tuvo lugar mi primer intercambio verbal con mi querido Daniel Rodríguez Herrera, conocido también, debido a la infinita maldad de la gente, como Dani Pateras]

[Por cierto, el alcalde de mi pueblo le pide perdón a Torrebruno por compararlo con el líder del PP local, cosa que le honra. Nadie se atreva a manchar el recuerdo de ese diminuto gran italiano. Gracias, mir]

[La primera parte del titular es de El Mesias (Isaias 9:6; el politono). La segunda se la pueden imaginar…]

No emails Fridays?

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I guess Penn is well paid to produce statistics that help Clinton read the American zeitgeist. What’s clear is the BlackBerry prayer position — head bowed, hands together, thumbs going — is a solipsistic emblem of our age. As the New York-Washington shuttle touches down, 93.5 percent of those on board go into the prayer stoop.

I just made that number up, but the fact is, most BlackBerry-armed travelers are hopelessly susceptible to that can’t-not-look-at-it feeling. It’s not that they believe something has happened. It’s a need — CrackBerry addiction.

Now that work is not a building but a state of mind, thanks to technology and the knowledge-based economy, you can never stop if that’s how you want to live, although simultaneous turkey stuffing and BlackBerry use is tricky.

I asked Karissa Thacker, a management psychologist, why reaching for a hand-held electronic device to e-mail or instant-message — an iPhone, BlackBerry, Treo or whatever — has become such a reflexive movement, one that makes it difficult to embrace vacation as vacation.

She told me: “A BlackBerry poses three problems. Can you manage your need for control? Can you manage your need to be important? Can you manage your need to feel in the know? These are real psychological challenges because at any moment you can jump in and fire off an e-mail and get closure immediately. But it’s superficial closure.”

So you thought you had a communication device when in fact you have an ego-meter? That’s about the sum of it. Because let’s face it, e-mail is a bummer and addiction to it perverse.

Tal proponen en el NY Times, viernes sin email. Este anho me propuse mirarlo solamente cuatro veces al dia: a las ocho, las doce, las cuatro y las ocho, antes de irme a casa. Y una p****, como casi todo. Artículo cortesía de mi rubia francesa favorita.

[Sin ningún motivo especial, sin ningún elemento estético que lo redima de ser pura carne y nada más que hermosa carne, de ésa que llena de nostalgia nada más verla al pensar en cómo quedará tras el sucio ataque del tiempo, lleno de trampas y golpes bajos, Dstudio (via). Ustedes perdonen. Valga para un día como el de hoy, Acción de Gracias, que es momento de exaltación del pavo, la comida y el contacto humano]

The Sleep-Industrial Complex

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sleep

For years, doctors have been discouraged by Americans’ disregard for and mismanagement of their sleep. (“I might as well have been running a chain of beauty parlors for the last four decades” is how one described his advocacy.) But bragging about how little you sleep, a hallmark of the ’80s power broker, is starting in certain circles to come off as masochistic buffoonery. The sleep docs we once ignored appear on morning shows to offer tips. Health professionals and marketers are hopeful that a new seriousness about sleep will continue moving out of a luxury-minded vanguard and into the mainstream. Sleep may finally be claiming its place beside diet and exercise as both a critical health issue and a niche for profitable consumer products.

A sleep boom, or as Forbes put it last year, “a sleep racket,” is under way. Business 2.0 estimates American “sleeponomics” to be worth $20 billion a year, which includes everything from the more than 1,000 accredited sleep clinics (some of them at spas) conducting overnight tests for disorders like apnea, to countless over-the-counter and herbal sleep aids, to how-to books and sleep-encouraging gadgets and talismans. Zia Sleep Sanctuary, a first of its kind luxury sleep store that I visited in Eden Prairie, Minn., carries “light-therapy” visors, the Zen Alarm Clock, the Mombasa Majesty mosquito net and a $600 pair of noise-canceling earplugs as well as 16 varieties of mattresses and 30 different pillows.

Prescription sleeping pills have been the most obvious beneficiary. Forty-nine million prescriptions were written last year, up 53 percent from five years ago, according to IMS Health, a health-care information company. It is now a $3.7 billion business, more than doubling since 2003. At $3 or $4 per pill, their success indicates not only that we have an increasingly urgent craving for sleep but also that many of us have apparently forgotten how to do it altogether — quite a feat for any mammal.

Siempre me sorprende la gran cantidad de anuncios en Boston pidiendo sujetos de estudio, la inmensa mayoria mujeres entre 18-30. No es mal sueldo el que se puede recibir viviendo de eso, de residir en un hospital mientras observan tus patrones de suenho. El que te tengan despierto 72 horas mientras haces puzzles o que te vayan a tener ese tiempo con un termómetro en el recto parece exigente, no obstante.

Thomas Chase

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By contrast, Shakespeare’s name appeared in print for the first time in 1593 (Venus and Adonis), when the Stratford playwright was already 29. Middleton wrote The Revenger’s Tragedy when he was just 26 (Shakespeare’s age when he finished Henry VI, Part Two). Can anyone doubt which 26-year-old wrote the greater play? Can anything in Henry VI compare with “melt all his patrimony in a kiss” or “the poor benefit of a bewitching minute” or “Joy’s a subtle elf: I think man’s happiest when he forgets himself” or the startlingly modern, ironic “Old Dad dead”?

[…]

Middleton responded to the challenge by matching Shakespeare on his own ground. The pair are the only English playwrights - and two of the very few in any language - who have written acknowledged multiple masterpieces in both comedy and tragedy. Middleton’s other tragedies include The Changeling and Women Beware Women. The searing one-act Yorkshire Tragedy, with its compelling portrait of a bitterly impoverished, abusive father who tries to kill his wife and succeeds in killing two of his children, was written within months of The Revenger’s Tragedy. These masterpieces are matched by a string of complicated, magnificent comedies: A Chaste Maid in Cheapside, The Roaring Girl, and A Mad World, My Masters are only the best known. Middleton’s most famous history play, A Game at Chess, was also the biggest box-office hit of the early London theatre, the most talked-about, written-about play of its time.

[…]

If Middleton is our other Shakespeare, why is he so little known? The most obvious explanation is that he is a purveyor of inconvenient truths: about sex, poverty, disease, political corruption, religious hypocrisy and sectarian hatred. From the beginning, some people have tried to shut him up. His second book, Microcynicon, was publicly burned. A member of the House of Commons complained about The Penniless Parliament of Threadbare Poets. A sermon at St Paul’s singled out The Puritan Widow for special obloquy. The censor cut passages from the promptbook of The Lady’s Tragedy. And for the spectacular success of A Game at Chess, Middleton was rewarded with imprisonment. He was eventually released, but never wrote another play; it’s hard to avoid the conclusion that his silence was involuntary. His last major dramatic work - the official pageant to celebrate the coronation of Charles I, commissioned by the City of London - was never performed. The new king delayed, delayed, and finally cancelled it, and Middleton died a year later.

Quien conozca un poco a Middleton se sentirá inmediatamente como en casa cuando vea a Tony Soprano entrar en la consulta de un psiquiatra: esa falta de gravitas, ese poderoso rebosar de sentimientos cotidianos en alguien que habría de tener estatura trágica es puro teatro jacobeo en sus manos más altas: las de Middleton, las de Webster, las de Shakespeare escribiendo sus tragedias tardías si se lo observa con ojos aviesos, con mirada oblicua, atravesá. Andamos cortitos de líquido, si no esta edición de sus obras completas que anuncia el Guardian serían un autorregalo de Navidad imprescindible. Leer A Trick to Catch the Old One el Domingo de Pascua de 1998 fue una de esas rarisimas experiencias de lectura que te dejan extraordinariamente euforico… Curioso, esos extasis son casi todos anteriores al 10 de septiembre del 2000.

[Quien conozca un poco a Middleton también será capaz de comprender hasta qué punto es absurdo asignarle cualquier valor a Lope y a Calderón, aparte del de mero documento histórico: pero eso es otra historia, aburrida, insignificante]

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