“Tú no necesitas a Dios. ¡Necesitas una bici!”

Esta, al menos en contexto, es la mejor y más sabia máxima que he leído en mucho tiempo. Yo, por mi parte, con una solidísima educación atea y anticlerical por ambas partes (cada uno con un sabor distinto, pero complementario) desde que tengo uso de razón y una incapacidad de acordarme de alguna vez en que creyera en el Altísimo, confieso una poderosísima fascinación con esa gente, y cuanto más kitsch mejor. Eso sí, no recuerdo muy bien por qué dije que quería hacerla (mis padres, resignados a hacer lo que, bueno, todo el mundo hacía en el 82) pero la hice sin creerme ná de ná… en fin, no es cuestión de seguir hinchando un perro que, en realidad, es solamente un homenaje a la brillantez del titular…

Leave a Comment

Log in
Protected by AkismetBlog with WordPress