Tiempo en momento
Me hablabas del sueño, es cierto; es posible que la única criatura absolutamente real sea la quimera ya que todas las demás son aproximaciones. Y tú (y yo) más que una aproximación, un alejamiento. ¿Estabas más próxima de ti misma aquella vez que configuraste con nitidez y estuviste a punto de alcanzar lo que buscabas? ¿Lo recuerdas? Pero aquello ya pasó y sólo queda lo que no fue; nuestra vida está rodeada de sueño y nuestro cuerpo exige consumirlo y convertirlo en energía para salir de él. La vida humana es demasiado larga en la cuenta de los días, pero muy breve en la de los momentos. Sin ese juego—y sin esa ilusión de poder convertir el tiempo en momento–¿qué queda?
Esto es lo que Carlos Bonaval no le dijo a Leo en la página 418 de Una meditación, cita de la que me tenía que deshacer, purgándola al ponerla aquí justo antes de empezar con Herrumbrosas lanzas. Pero en realidad todo nace de la conversación que no estoy teniendo por email con Enric sobre fotografía (él me perdone), al querer no olvidar una cita que habría de ser imprescindible (y no, en modo alguno, definitiva). Una cita que, frente al carácter de sinécdoque que resume una historia al presentarla en su momento álgido que tiene la imagen plástica según el neoclásico Lessing en su Lacoon, muestra la influencia de una práctica, la fotografía, que ha dado tantas estéticas (y éticas) de la esquirla, la astilla, el fragmento que escapa al tiempo y la(s) historia(s).
Mientras, mi blogger colombiana favorita se enfrenta a la barroca y proliferante corrupción gusanera que trae la muerte igual que si acercara a algún panel en más de una umbría iglesia sevillana…
[Si se fijan, llevo ya dos posts sin usar la palabra "incomodidad" ni derivados. Me estoy quitando...]

