Imitatio 1.0
Ese afán de imitación, que tantas veces nace de un alto aprecio, no será nunca del todo satisfecho por cuanto quien lo sufre rara vez es capaz de lograr su identificación con el modelo en que se mira que no sólo cambia sino que, por la diversidad de su conducta y por la riqueza y variedad del medio que le rodea, no siendo susceptible de ser conocido cabalmente siempre puede y sabe presentar una nueva actitud ignorada, revistiéndose en cada una de esas pequeñas evoluciones caleidoscópicas de una nueva vestidura tantalizante que para aquel que pudo o supo remedar tan sólo una de sus caras sirven para exacerbar su apetito, intensificando el aprecio hasta transformarlo en admiración para dar lugar a esa inquieta naturaleza que no sabe encontrar su acomodo sino en la incesante búsqueda de un parecido insensato.
Benet, Juan. Una meditación. Madrid: Alfaguara, 2004. p.20.
Es lógicamente “ese” afán, específico, y por eso hay que juzgar la frase en términos precisos y limitados. De ser una afirmación general, habría que destacar que le sobra bipolaridad (no hay un tercero contra el que se imita, vuelto el imitado arma para someterlo(s)) y falta rencor.





