
Entonces es cuando mejor se percibe que la historia no se construye a sí misma ni se encamina a una meta sino que se retuerce y rompe, descompuesta en mil fragmentos cada uno de los cuales trata de negar actualidad al otro para salir airoso de la prueba del tiempo. Y hasta asciende y llega a convertirse en deseo un apetito de discontinuidad, un principio de individuación que no acertará a compenetrarse con el disciplinado curso de una sociedad–son números y fachadas más que personas y lugares–que apunta a su aniquilación.
Benet, Juan. Viaje de invierno. 2nd Ed. Ed. Diego Martínez Torrón. Madrid: Cátedra, 1989. 290.
Uds. me perdonen el coñazo que vengo dando con Benet, el verano pasado fue igual pero con Bolaño, que no proporciona citas tan apañás para la tesis como un ingeniero de caminos. Visto lo visto, se inaugura una nueva categoría, la de ruinas y jirones del tiempo. Poco a poco reeditaremos lo pasado para echarlo a este cajón. Empezamos con estos lugares olvidados, cortesía de Fred.