Espejo

Muneco Levinas2.jpg

Está una leyendo de corrido:
Franqueza, sinceridad, veracidad del Decir: no un Decir que se disimula y se protege en lo Dicho, escudándose en palabras frente al otro, sino un decir que se descubre (…) como sensibilidad a flor de piel, a flor de nervios, que se ofrece hasta el sufrimiento… (Levinas)
y de pronto una pasa a la siguiente página del libro y se topa con el dibujito de autoría desconocida de usuario de biblioteca que leyó esas líneas antes que una: se topa con esta especie de soldadito mudo, un poco atónito que a una la deja un poco atónita también. Atónito él frente a las líneas siguientes que hablan de choques, de persistencias, paciencias y de no esencialismos. Atónita una frente al otro que se escuda en el trazo y no se ofrece mucho.

¿Y qué le pasa a una blogger que escribe una entrada sobre la cara de(l) Otro y se la encuentra exactamente reproducida, su propia entrada sobre otra cara exactamente igual mirándola a la cara desde una casa que es, aunque sea su casa, ajena?

1 Comment »

  1. hora peligrosa

    October 26, 2006 @ 6:52 pm

    1

    Como dice la onomatopeica expresión muy bogotana
    Uch!
    Además que ambas mis casas, aunque sean mías y ajenas a la vez, ambas, están obsesionadas con los soldados y los choques que se evitan, de ráfaga en ráfaga, la cara del Otro.
    No sé si reirme o confundirme. Besos.

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