Food fetish

Anyone who cares about food has an anthology of personally transformative moments: the first time you tasted sushi or salsa, brought a soufflé or a sauce béarnaise to successful fruition or dropped $100 on dinner for two. Taken together, these memories chart a significant passage in our cultural history, a process you might call the cosmopolitanization of American taste or perhaps the gentrification of the American kitchen. Most simply, perhaps, it is a radical expansion in the number of people who care about food, in the ways they care about it and in the available consumer expressions of that concern. For Kamp, it is largely a happy story, in which a heroic vanguard of writers, chefs and gastronomes leads the masses out of a world of dull, cautious, standardized food into a paradise of freshness, variety and sophistication. “This is a book,” he writes in his preface, “about … how food in America got better.”
La relación de los estadounidenses (o de ciertos segmentos de dicha sociedad) con el buen comer es fascinante por su artificiosidad. Se trata, decididamente, de “un gusto adquirido”, y participa sin duda del fervor del converso… o del mero superviviente. En ningún otro lugar que yo conozca es un placer cierto, tangible, redentor ir a ciertos supermercados, cocinar ciertas cosas, tener el frigorífico lleno de ciertos productos. Comer bien se vive con una intensidad especial precisamente por el esfuerzo que exige. Una interrupción de la norma, una morosidad quasi estética que devuelve a la percepción de la comida toda su frescura y urgencia.
En el NY Times encuentro esta vieja reseña de un libro cuyo título es conscientemente tan penoso que parece obra de Pynchon. La foto es de Lou Manna (via). Nada mejor que una hamburguesa para ejemplificar este esfuerzo (que no es ni mayor ni menor que en otras partes, pero sí distinto por la especificidad de la cultura estadounidense). En otros casos la obra de Manna es puro “eye-candy” lleno de glamour standard, como una imagen de Victoria’s Secret. Cuando se enfrenta a algo tan sencillo y, originalmente, barato como la pasta, la transfigura (1, 2, 3). Estas imágenes dicen mucho, no tanto como las de nuestro muy odiado David, pero suficiente…
Dedicado, por supuesto, a nuestra querida Adrianne. Quizá quien tiene que saber ya sepa qué libro regalar en breve…


Enric
November 25, 2006 @ 5:15 pm
Se agradece infinitamente el chivatazo a lo Papá Noel (a otra persona tocará agradecer la dedicatoria)… y la facilidad para realizarlo, a un simple one click shopping.
Y manifiesto mi total conformidad con las categorías propuestas para el blog.
Qué hambre… y yo en el día del pavo nº3.
Enric
November 25, 2006 @ 5:16 pm
Donde dije “blog”, quería decir “post”. Claro.
beguemot
November 26, 2006 @ 9:54 am
Lo imagino pues sometido a los efectos narcóticos del pavo. Cuidadín con manejar hoy maquinaria pesada…
ains
November 27, 2006 @ 4:09 am
jo, que buena pinta… echo de menos esas “hambuerguesitas” americanas… y mi conexión a internet.. ay!
trpp1
December 14, 2006 @ 10:11 pm
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dsajhfew
October 5, 2007 @ 9:47 am
añfewojaoaflkjfalkjaejlkeawkj RICO !