~ Archive for November, 2006 ~

Periodismo 3.0

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For centuries it was in the nature of literature that a small number of writers confronted many thousands of readers. This began to change toward the end of the past century. With the growth and extension of the press, which constantly made new political, religious, scientific, professional, and local journals available to readers, an increasing number of readers–in isolated cases, at first–turned into writers. It began with the space set aside for “letters to the editor” in the daily press, and has now reached a point where there is hardly a European engaged in the work process who could not, in principle, find an opportunity to publish somewhere an account of a work experience, a complaint, a report, or something of the kind. Thus, the distinction between author and public is about to lose its axiomatic character. The difference becomes functional; it may vary from case to case. At any moment, the reader is ready to become a writer. As an expert–which he has had to become in any case in a highly specialized work process, even if only in some minor capacity–the reader gains access to authorship.

“Work of Art in the Age of Reproducibility (Third Version)” [a.k.a. "The Work of Art in the Age of Mechanical Reproduction"]. Selected Writings. Vol 4, 1938-1940. Ed. Howard Eiland, and Michael W. Jennings. Trans. Edmund Jephcott, et al. Cambridge, MA: The Belknap Press at Harvard UP, 2003. pp. 251-283. p.262. (Mis cursivas).

La blogosfera acaba con ese “en principio” al hacerlo una realidad, si se tiene dinero para pagar una conexión a Internet en casa o en un puesto de acceso público, o se puede emplear la infraestructura del puesto de trabajo para acceder libremente a la Red. En la práctica, la blogosfera acaba con ese “en principio” para la inmensa mayoría de los habitantes de las sociedades occidentales. Y ya. No es poco. Pero tampoco es tanto.

Alguien que no recuerdo definió a los fans de Bruce Springsteen como “gente que no puede dormir por las noches porque la valla del vecino se le come diez centímetros de patio”. No entiendo por qué se les habría de aplicar a esos fans en concreto, pero sí veo que el cambiarles el modus operandi a las redacciones parece no dejar dormir a cierta gente. Porque indudablemente ha cambiado: ahora necesitas bajar infinitamente menos “a la calle” para encontrar historias e ideas; el pool de aspirantes a trabajar para los grandes medios ha aumentado exponencialmente, con un montón de gente dando saltos y gritando “¡yo, yo, YO!” desde sus blogs; y una multitud de bloggers hace gratis la investigación que necesitas para enfrentarte con garantías a tus enemigos ideológicos o a aquellos que meramente lo son por política económica de la empresa (si es que difieren). La blogosfera te llena las páginas o los minutos de tu medio con un coste económico más bajo que antes, gracias a material hallado gratis y con Google y que a veces apenas tienes que (re)procesar; te trae a tus puertas candidatos perfectamente adaptados ya a los medios porque en sus blogs no hacen más que reproducir, de una forma u otra, lo que los medios hacen, incluso si éstos son minoritarios: un fanzine fotocopiado es tan medio de comunicación como el NY Times o el New Yorker, aunque las convenciones de ese particular subgénero de la prensa periódica llamado “fanzine” puedan divergir de las del subgénero llamado “diario de tirada nacional”; y, finalmente, la blogosfera te proporciona la munición que necesitas para competir con otros medios por una posición prominente en tu mercado mediático. Ya.

Sí, hay quien afirma que la blogosfera es una revolución porque te obliga a hacer mejor tu trabajo, aunque sin cambiar en un ápice las convenciones génericas de la prensa periódica: no hay ni un blog que no reproduzca o como mucho mezcle las convenciones de algún subgénero de la prensa periódica, y en todo caso lo que la blogosfera haría sería promover unos subgéneros y unas convenciones sobre otros… exactamente el mismo flujo contenido que ha tenido lugar desde la aparición de esa práctica discursiva y social llamada prensa periódica. También la gente pasa mucho más tiempo consumiendo bienes simbólicos producidos de forma gratuita sin que los medios saquen tajada directa: visto el carácter paratextual (por no decir parasitario) de la inmensa mayoría de los blogs con respecto a los medios, no se sabe si esta pérdida directa no es ganancia indirecta.

La información no es poder. El que los blogs comuniquen información no les da poder. Solamente la información en manos que puedan usarla por tener una posición de poder da poder. Un viejo descubrimiento de la pragmática o análisis discursivo: no es lo mismo que una niña diga “os declaro marido y mujer” delante de sus muñecas a que lo haga un juez delante de dos adultos de distinto sexo dentro de una ceremonia legal llamada boda, una ceremonia validada y respaldada por los aparatos del estado. El valor locutivo de las palabras es diferente de su valor perlocutivo: éste es social y depende fundamentalmente de las relaciones de poder dentro de la sociedad. Acaso la blogosfera dé munición a unos medios para que ataquen a otros, y acaso parezca que esa información es algo distinto a una bala que sin rifle no vale nada; pero solamente quien tiene un rifle y sabe usarlo hará que la información sea poder, y el rifle lo siguen teniendo unos pocos. Acaso algunos bloggers se conviertan en “agentes coloniales” privilegiados en la circulación de esta información de los bloggers a los medios, un privilegio que, indudablemente, les otorga también poder; y ciertamente este “ascenso” lo otorga la blogosfera. Acaso ese sea su mayor y único poder, nombrar a quien dirija el flujo de información extraída por los bloggers hacia los medios para que éstos afiancen aún más su territorialización de las prácticas sociales. El reto es solamente una victoria más. Diez centímetros incómodos que acaso pongan nervioso a quien no sepa ver que valen la pena.

Porque los medios no informan. Los medios simplemente crean en sus consumidores una sensación consistente en “me siento informado”. No es fácil crearla, ni inocuo, y hacerlo exige esfuerzo, inteligencia y someterse a toda una serie de métodos y reglas en la inventio y convenciones retóricas en la disposito para finalmente producir una sensación de acceso a la verdad o su trasunto, información veraz. Acaso crear esa sensación en ciertos consumidores sea más difícil por culpa de la blogosfera; acaso esta dificultad sea insalvable para ciertos medios específicos. En otros casos, perder a esos consumidores será un buen precio a pagar para poder producir esa sensación de forma más barata y, a fines de ejercicio, con mayores beneficios para el accionista.

¿Conversación? Siempre las élites letradas se han intercambiado cartas y manuscritos. La única novedad es que ahora todos pueden ser mirones y ellas aprovecharse de los comentarios.

Note to myself: Information vs. Story

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Willemessant, the founder of Le Figaro, characterized the nature of information in a famous formulation. “To my readers,” he used to say, “an attic fire in the Latin Quartier is more important than a revolution in Madrid.” This makes strikingly clear that what gets the readiest hearing is no longer intelligence coming from afar, but the information which supplies a handle for what is nearest. Intelligence that came from afar–whether over spatial distance (from foreign countries) or temporal (from tradition)–possessed an authority which gave it validity, even when it was not subject to verification. Information, however, lays claim to prompt verifiability. The prime requirement is that it appear “understandable in itself.” Often it is no more exact than the intelligence of earlier centuries. But while the latter was inclined to borrow from the miraculous, information must absolutely sound plausible. For this reason, it proves incompatible with the spirit of storytelling. If the art of storytelling has become rare, the dissemination of information has played a decisive role in this state of affairs.

[...]

The value of information does not survive the moment in which it was new. It lives only at that moment; it has to surrender to it completely and explain itself to it without losing any time. A story is different. It does not expend itself. It preserves and concentrates its energy and its capable of releasing it even after a long time.

“The Storyteller.” Selected Writings. Vol 3, 1935-1938. Ed. Howard Eiland, and Michael W. Jennings. Trans. Edmund Jephcott, et al. Cambridge, MA: The Belknap Press of Harvard UP,  2002. 143-166. p.147. p.148

Continuará…

Se acerca la nieve

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Yo ya estoy preparándome…

Impatient readers, angry costumers…

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In our writing, opposites that in happier ages fertilized one another have become absolute antinomies. Thus, science and belle lettres, criticism and literary production, culture and politics, fall apart in disorder and lose all connection with one another. The scene of this literary confusion is the newspaper; its content, “subject matter” that denies itself any other form of organization than that imposed on it by the reader’s impatience. For impatience is the state of mind of the newspaper reader. And this impatience is not just that of the politician expecting information, or of the speculator looking for a stock tip; behind it smolders the impatience of people who are excluded and who think they have the right to see their own interests expressed. The fact that nothing binds the reader more tightly to his paper than this all-consuming impatience, his longing for daily nourishment, has long been exploited by publishers, who are constantly inaugurating new columns to address the reader’s questions, opinions, and protests. Hand in hand, therefore, with the indiscriminate assimilation of facts goes the equally indiscriminate assimilation of readers, who are instantly elevated to collaborators.

Benjamin, Walter. “The Newspaper.” Selected Writings. Vol. 2. Ed. Michael W. Jennings, et al. Cambridge, MA: The Belknap Press of Harvard UP, 1999.  741-742. p. 741. Published in Zürich, March 1934.

La prensa periódica moderna se basaría, pues, en el deseo, siempre insatisfecho.

Aquí no hay eco

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Niko Guido hace fotos tal que así y el pez las halla.

Navidad

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Llega la época de dar. La ilustración, de Bela Borsodi. Gracias, Carrie.

Breve emblema 2.0. sobre la Vanitas

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Más grande. Este tipo no hace malas fotos, lo irritante es las molestias que se toma para que nadie se baje sus imágenes (lo cual, muchas veces y dadas las habituales normas de cortesía en la red, iría acompañado de un post en un blog con un enlace, hecho aún más atractivo por el acompañamiento de una foto… publicidad gratis), creando trabas que hay que romper buscando en el código de la página, haciendo una captura de pantalla y recortando la foto, o, si tienes Firefox OS X, arrastrando la imagen a tu escritorio. Exactamente igual que con cualquier otra imagen. Vanidad de vanidades…

[En otro extremo de la galaxia, en mi pueblo, ahora mismito hablan de política y blogs. Todavía]

In Memoriam

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Cada día Slate publica gloriosas fotos del archivo de Magnum. He aquí las de la apertura del Monumento a los caídos en Vietnam.

Futuro

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Supongo que si no hago el imbécil y tengo suerte, algún un día tendré retretes como estos en casa… Ojalá, ojalá, ojalá. Un concepto más mínimo y elegante del diseño, obra de Pierre.

Hija de la espuma

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Igual esto también es Chipre o su equivalente ruso, y aunque parezca un delirio de un constructor de la mafia del ladrillo patria con un síndrome de Stendhal mal resuelto, tal vez esta Venus es tan apropiada como la famosa, o más. Interesantes estrategias las que aquí “extrañan” la pintura, pero como estoy haciendo pan no las voy a comentar. Don Enrique me la manda como un regalito infinitamente agradecido, y hay más en el sitio de Olaf Martens.

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