Periodismo 3.0
For centuries it was in the nature of literature that a small number of writers confronted many thousands of readers. This began to change toward the end of the past century. With the growth and extension of the press, which constantly made new political, religious, scientific, professional, and local journals available to readers, an increasing number of readers–in isolated cases, at first–turned into writers. It began with the space set aside for “letters to the editor” in the daily press, and has now reached a point where there is hardly a European engaged in the work process who could not, in principle, find an opportunity to publish somewhere an account of a work experience, a complaint, a report, or something of the kind. Thus, the distinction between author and public is about to lose its axiomatic character. The difference becomes functional; it may vary from case to case. At any moment, the reader is ready to become a writer. As an expert–which he has had to become in any case in a highly specialized work process, even if only in some minor capacity–the reader gains access to authorship.
“Work of Art in the Age of Reproducibility (Third Version)” [a.k.a. "The Work of Art in the Age of Mechanical Reproduction"]. Selected Writings. Vol 4, 1938-1940. Ed. Howard Eiland, and Michael W. Jennings. Trans. Edmund Jephcott, et al. Cambridge, MA: The Belknap Press at Harvard UP, 2003. pp. 251-283. p.262. (Mis cursivas).
La blogosfera acaba con ese “en principio” al hacerlo una realidad, si se tiene dinero para pagar una conexión a Internet en casa o en un puesto de acceso público, o se puede emplear la infraestructura del puesto de trabajo para acceder libremente a la Red. En la práctica, la blogosfera acaba con ese “en principio” para la inmensa mayoría de los habitantes de las sociedades occidentales. Y ya. No es poco. Pero tampoco es tanto.
Alguien que no recuerdo definió a los fans de Bruce Springsteen como “gente que no puede dormir por las noches porque la valla del vecino se le come diez centímetros de patio”. No entiendo por qué se les habría de aplicar a esos fans en concreto, pero sí veo que el cambiarles el modus operandi a las redacciones parece no dejar dormir a cierta gente. Porque indudablemente ha cambiado: ahora necesitas bajar infinitamente menos “a la calle” para encontrar historias e ideas; el pool de aspirantes a trabajar para los grandes medios ha aumentado exponencialmente, con un montón de gente dando saltos y gritando “¡yo, yo, YO!” desde sus blogs; y una multitud de bloggers hace gratis la investigación que necesitas para enfrentarte con garantías a tus enemigos ideológicos o a aquellos que meramente lo son por política económica de la empresa (si es que difieren). La blogosfera te llena las páginas o los minutos de tu medio con un coste económico más bajo que antes, gracias a material hallado gratis y con Google y que a veces apenas tienes que (re)procesar; te trae a tus puertas candidatos perfectamente adaptados ya a los medios porque en sus blogs no hacen más que reproducir, de una forma u otra, lo que los medios hacen, incluso si éstos son minoritarios: un fanzine fotocopiado es tan medio de comunicación como el NY Times o el New Yorker, aunque las convenciones de ese particular subgénero de la prensa periódica llamado “fanzine” puedan divergir de las del subgénero llamado “diario de tirada nacional”; y, finalmente, la blogosfera te proporciona la munición que necesitas para competir con otros medios por una posición prominente en tu mercado mediático. Ya.
Sí, hay quien afirma que la blogosfera es una revolución porque te obliga a hacer mejor tu trabajo, aunque sin cambiar en un ápice las convenciones génericas de la prensa periódica: no hay ni un blog que no reproduzca o como mucho mezcle las convenciones de algún subgénero de la prensa periódica, y en todo caso lo que la blogosfera haría sería promover unos subgéneros y unas convenciones sobre otros… exactamente el mismo flujo contenido que ha tenido lugar desde la aparición de esa práctica discursiva y social llamada prensa periódica. También la gente pasa mucho más tiempo consumiendo bienes simbólicos producidos de forma gratuita sin que los medios saquen tajada directa: visto el carácter paratextual (por no decir parasitario) de la inmensa mayoría de los blogs con respecto a los medios, no se sabe si esta pérdida directa no es ganancia indirecta.
La información no es poder. El que los blogs comuniquen información no les da poder. Solamente la información en manos que puedan usarla por tener una posición de poder da poder. Un viejo descubrimiento de la pragmática o análisis discursivo: no es lo mismo que una niña diga “os declaro marido y mujer” delante de sus muñecas a que lo haga un juez delante de dos adultos de distinto sexo dentro de una ceremonia legal llamada boda, una ceremonia validada y respaldada por los aparatos del estado. El valor locutivo de las palabras es diferente de su valor perlocutivo: éste es social y depende fundamentalmente de las relaciones de poder dentro de la sociedad. Acaso la blogosfera dé munición a unos medios para que ataquen a otros, y acaso parezca que esa información es algo distinto a una bala que sin rifle no vale nada; pero solamente quien tiene un rifle y sabe usarlo hará que la información sea poder, y el rifle lo siguen teniendo unos pocos. Acaso algunos bloggers se conviertan en “agentes coloniales” privilegiados en la circulación de esta información de los bloggers a los medios, un privilegio que, indudablemente, les otorga también poder; y ciertamente este “ascenso” lo otorga la blogosfera. Acaso ese sea su mayor y único poder, nombrar a quien dirija el flujo de información extraída por los bloggers hacia los medios para que éstos afiancen aún más su territorialización de las prácticas sociales. El reto es solamente una victoria más. Diez centímetros incómodos que acaso pongan nervioso a quien no sepa ver que valen la pena.
Porque los medios no informan. Los medios simplemente crean en sus consumidores una sensación consistente en “me siento informado”. No es fácil crearla, ni inocuo, y hacerlo exige esfuerzo, inteligencia y someterse a toda una serie de métodos y reglas en la inventio y convenciones retóricas en la disposito para finalmente producir una sensación de acceso a la verdad o su trasunto, información veraz. Acaso crear esa sensación en ciertos consumidores sea más difícil por culpa de la blogosfera; acaso esta dificultad sea insalvable para ciertos medios específicos. En otros casos, perder a esos consumidores será un buen precio a pagar para poder producir esa sensación de forma más barata y, a fines de ejercicio, con mayores beneficios para el accionista.
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¿Conversación? Siempre las élites letradas se han intercambiado cartas y manuscritos. La única novedad es que ahora todos pueden ser mirones y ellas aprovecharse de los comentarios.








