~ Archive for December, 2006 ~

Jennys orientales

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Me reservo toda opinión sobre el resto del portfoloio de Katarina Sokolova, una chavalita que hace fotos como las hacen  (o podrían hacer) miles y miles de bípedos. Esta que ven aquí, no obstante, me gusta tanto como a Kahlo. Gracias.

Pero si ya hasta he comido mazapán

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Las fotos del amigo Gary John parecen sacadas de un episodio de Bill Cosby en el que alguna de las hijas se fumara una compresa y se sintiera “feliz de ser mujer”. Pero como me largo a España en breve y hoy remato un capítulo de mi tesis, el más jodido, y volver en Navidad siempre me hace inmensamente feliz, su fotografía me ajusta el alma con exactitud.

Sí, adoro la Navidad, aunque entienda a M. perfectamente. Quizá sea preciso desarrollar un gusto invencible por lo grotesco, quizá estemos en un más allá que impida tal goce. Espero que tanta luz no signifiquen lo que para mí las escaleras…

Blow me down I feels good now!”

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View the early “Popeye” strips from a distance, and you notice that they’re almost all about class stratification: the WASP-y, middle-class turned nouveau-riche Oyl family exploiting the determinedly lower-class Popeye, with his immigrant’s tortured English and willingness to undergo incredible suffering in the hopes of catching a break. Which he never will: Bought off with a million dollars at the end of his first adventure, he wanders out of the story for a month or so (by the end of which it appears to have been made clear to Segar that he’d better get the star back onstage pronto), then turns up penniless, explaining that he was talked out of his fortune by “a dame.” For which you can read that he’s been playing craps down at the docks again. He’s deathly afraid of “evil spiriks,” and chalks up anything he doesn’t understand to them. Even the familiar catchphrase that provides this volume’s subtitle is a declaration of pride in ignorance. It’s his response, more than once, to a string of insults: “No matter what ya calls me — I am what I am an’ tha’s ALL I yam!”

Mas en Salon sobre la edicion en seis volumenes . Sugerencia de la sugerencia que el interesado le puede hacer a la interesada para satisfacer al interesado, o nos dejamos de tonterias y nos lo autorregalamos…

Polo

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Lo que es bueno para Things Magazine es bueno para este blog, faltaría más, y si allá deciden referirse a esta exposición de osos polares disecados, nosotros (?) aquí no vamos a ser menos…

Estas que me dictó rimas sonoras

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Culta sí, aunque bucólica, María…

Quien manda me manda esta galería de un Dalí Revisited. Algunas cosas me gustan y otras me dejan frío, y la imagen que ven me remite al Bosco y sobre todo a Alciato. Lo cual está siempre muy, muy bien…

Aira dixit

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Me aferré al tiempo; y consiguientemente a la pedagogía, la única actividad humana que pone al tiempo de nuestra parte.

Aira, César. Cómo me hice monja. México DF: Joaquín Moritz, 1996. p.78.

Se agradece.

A Brave New World

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Secondly, the custom in hall theatres [i.e., closed ones] like Blackfriars was for each act-break to be marked by a pause of a few minutes which provided time to trim the candles. That such act-breaks were expected in The Tempest is made obvious by the fact that Prospero exits at the end of Act 4, but returns at the beginning of Act 5, an immediate re-entry unique in Shakespeare’s work. Shakespeare turns this practical necessity to dramatic account. At the most obvious level, the play is deliberately designed to emphasise the shape imposed by the four breaks between acts. [Analysis of every specific act]. Thus, at the close of each act, service and freedom are emphasised as central terms.

Lindley, David. “Introduction.” The Tempest. Ed. David Lindley. Cambridge: Cambridge UP, 2002. 1-84. p.4-5. (mis cursivas).

De manera que el que se estructure la acción dramática de acuerdo a actos, con la importancia que tiene la estructura de la acción dramática en la forma en que se va entendiendo el tiempo en el progresivo desarrollo de la conciencia moderna, proviene de la necesidad de cambiar las velas. Toma dosis triple y hasta cuádruple de materialismo cultural, por no hablar de efectos y demás del aleteo único de una mariposa. Estas cosas, sin embargo, no sorprenderán a esos artistas de status único que son los arquitectos.

…waiting in hiding somewhere until next spring…

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Pelín más grande. David Martinidez hace muy bien esa cosa tan banal que hacemos todos cuando aparecemos por Manhattan la primera vez: echar hacia atrás la nuca, arriesgar (en mi personal y minusválido caso, al menos) perder el equilibrio, y buscar con la lente el cielo entre fachadas como cuchillas. En estas fotos uno se imagina agazapado, en una cuna rodeada de edificios que miran desde arriba igual que adultos babeantes. Sólo que, seguramente, no miran. Y mucho menos babean. Van a lo suyo.

Cortesía de Fred, cuyo blog es una mezcla tan curiosa de links interesantes y babelog que uno no puede resistirse a consultarlo mientras, nervioso en la biblioteca, se salta a las chavalas.

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