The Unwell-Wrought Burial Urn

Va y dice el creador de ese quasieterno niño existencialista de tres años, que además rompía todos los cristales con su voz tal y como me explicó mi padre allá por 1979, con la novela recién salida al fin en España y yo sin ni siquiera con seis y recién “aprendido” a leer:

Respuesta. [Mi madre t]iene un papel central, sí. Era una pequeña burguesa romántica; tenía relación con el arte, pero llevaba un negocio, una pequeña tienda. Observó mis primeros pasos en el arte. Estuvo presente en mis primeras tentativas de dibujante. Ella guardaba una maleta en la que se guardaban cosas de tres hermanos suyos que ya habían muerto, dos en la primera guerra y el tercero a consecuencia de lo que entonces llamamos gripe española. En esa maleta estaban tres proyectos vitales que no se acabaron de realizar. El primero quería ser poeta, y había publicado versos en el pequeño periódico local. El segundo tendía hacia la pintura, y en la maleta se guardaban algunas escenografías teatrales suyas. ¡El tercero quería ser cocinero! Y para mí esta idea de unas vidas no vividas me ha acompañado el resto de mi vida…

P. Y ha terminado haciendo lo que ellos no hicieron…

R. He intentado realizar esa vida que ellos no pudieron vivir… Y todo lo hice en memoria de mi madre, y ella no lo pudo ver nunca…

Y por esa casualidad de haberla releído justo ayer, y ante esta imposición de la promesa no cumplida que sirve al final y por sorpresa como un peso productivo, recuerdo esas cajas en Mona Lisa Overdrive de las que se alzan los “espectros” de los antecesores del padre de la protagonista para darle consejos e inspirarlo no exactamente desde el otro lado…

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