“Keep cool but care”

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Over two years later, she distributed the missive to 107 women professionals, photographed them reading it and invited them to analyse it, according to their job. The ex’s grammar and syntax have been torn apart by a copy editor, his manners rubbished by an etiquette consultant and his lines pored over by Talmudic scholars. He has been re-ordered by a crossword-setter, evaluated by a judge, shot up by a markswoman, second-guessed by a chess player and performed by actress Jeanne Moreau. A forensic psychiatrist decided he was a “twisted manipulator”. The temple to a woman scorned is entitled “Take care of yourself” (Prenez soin de vois), immortalising lines that Calle, if she hadn’t had recourse to the international art world, might have read again and again in tears.

Considero que abundan las personas que “en vez de tratar de atrapar un trozo de realidad intensa y sacarlo fuera del tiempo se dedican a la carrera literaria”. Para Andreu, un poema que merezca la pena ser tenido en cuenta le tiene que hacer sentir: “Un poema está verdaderamente bien escrito cuando tiene nivel de exaltación e intensidad. Vive, respira y camina. Te altera la realidad”. ¿Qué busca cuando escribe? “La belleza interior, los sentimientos dignos de ser puestos por escrito, lo que no se ve en el exterior. El poema no te tiene que contar sino darte y eso es lo que hace la gran poesía. No te cuenta un sentimiento amoroso. Los poemas los habitas”.

La primera cita es de este artículo sobre la Bienal de Venecia, obviamente para quien ya sabemos. El segundo está exactamente en la línea de lo que Bolaño decía sobre todos esos escritores latinoamericanos que estaban en esto porque de algo hay que vivir, y que recibían becas para ir a universidades del Medio Oeste y/o daban clases allá. Sin embargo, desconfíese de la satisfacción con la que algunos críticos (lectores profesionales) acogen este repudio: en muchos de ellos hay un escritor que no ha sido, que no es, o que ya saben que nunca será y por ello cuanto más ancha la fisura entre los escritores deleznables y los otros, los importantes, los de verdad, menor tal vez el dolor. La imagen es de una niña de veintiún años de las afueras de Chicago que se dedica a echarse fotos y colgarlas en Flickr y se siente halagada cuando le dicen que se parece a Christina Ricci; alguien que ya participa en exposiciones y vende imágenes y protesta cuando le dicen que no se dedique a eso, que no conviene. Desde el centro de ese estuche tan mono para sus anticonceptivos la (nos) mira fijamente un ojo negro despintado.

PS. Un par de últimos enlaces sobre Los Soprano (1, 2). Uno no puede menos que recordar la página en negro de Tristram Shandy. En cualquier caso (NO SIGAN LEYENDO si no lo vieron), el sentir el final del último episodio como una afrenta contra los televidentes, como un dedo corazón extendido a ellos, como una forma de querer volverlos locos con preguntas, como un ataque malévolamente personal, el pensar “¿Pero cómo este hijo de la gran puta ME puede hacer esto A MI?” es una forma de sentarse en el mismo sillón en el que durante ocho años se ha sentado Tony repitiendo una y otra vez “pobrecito yo” (tal y como su madre y Gloria Trillo le gritaban sarcásticamente “Poor you!”), en vez de reconocer que ese episodio, ese momento, Tony, la obra de David Chase, tienen vida propia y pasan y son y viven por su cuenta mientras nosotros los miramos. No. Yo, yo, yo, yo, yo. El centro de los ocho años de sátira de Chase.

[DE VERDAD, NO SIGAN LEYENDO] .

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Da igual cuál sea el destino final de mi tocayo. Sin su mejor amigo Jackie ni su recuerdo en la forma de Jackie Jr.; sin otro gran amigo, Big Pussy; sin la única amante que le hizo soñar con un nuevo principio, Gloria Trillo; sin su primo Tony B.; sin Christopher; sin la Dra. Melfi; sin ni siquiera su cuñado Bobby; sin Silvio. Así termina Tony, sentado afuera de Satriale’s con el ahora insoportable Paulie, atrapado con él como atrapados están Vladimir y Estragon en Waiting for Godot , sin el cariño cierto que hay entre ellos, con la agresividad de los personajes de Sartre en Huit Clos. Si nos ponemos, su hija Meadow, su gran esperanza, nunca será como su vecino Cusamano y además va a casarse con el hijo de un subalterno, a quien encima le mató un hermano por traidor. Da igual que Tony salga respirando o no del restaurante: está ya muerto en muchísimos sentidos…

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