[Se abre una puerta y entonces entra un niño raro]
Toda nuestra existencia no es más que una más o menos rápida preparación para esa inexistencia a la que vamos accediendo de a poco pero sin pausa ni pause. Recordamos para olvidar, amamos para odiar, vivimos para morir, aparecemos para desaparecer. Nuestra realidad siempre acaba siendo un espectro: primero para los demás y después, casi enseguida, para nosotros mismos. Nada se puede hacer para evitarlo y nunca entendí del todo por qué aparecido es sinónimo de fantasma cuando, en realidad, un fantasma es un desaparecido, un alma en pena condenada fuera de tiempo y de lugar, una presencia inoportuna. Un fantasma es más un desaparecido que un aparecido, y de un modo u otro todos [95] todos acabamos siendo un fantasma para alguien.
Fresán, Rodrigo. Mantra. Barcelona: Mondadori, 2001. 94-95.
Dedíquese esto a don Alberto. Y si le pueden meter mano al libro, háganlo. No es Bolaño pero sí es muy digno de atención. Por lo pronto yo ya le voy a dedicar 10 páginas de mis 200, en un capítulo sobre el uso de la ciencia ficción para acercarse a esa megalópolis apocalíptica (Monsiváis dixit) que es México DF. Porque el DF es CF, o eso dicen.
Si al menos, en esta novela de mil citas, dejara más clara su deuda a Infinite Jest de David Foster Wallace…

