~ Archive for September, 2007 ~

What’s wrong with Rossini?

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cuentoperfecto

Consejos sobre el arte de escribir cuentos

Roberto Bolaño

Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.

1) Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7) Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!

8 ) Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9) La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10) Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11) Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

Avalovara, noviembre de 2001

[Sospecho que un cuento perfecto ha de ser el equivalente de la escalera de la foto,  mancha incluida: una breve estancia, una decena de pasos exploratorios por la ciudad borgiana de los inmortales. Otro equivalente probable, esta pareja de balcones. Cortesía de]

[Lo que me hace preguntarme, ya que esto son “errores”, quién podría ser el equivalente arquitectónico de Proust, Faulkner, Pynchon, de todos aquellos de prosa excesiva, farragosa, innecesaria, plena de fallos que son fallas buscadas, paródicas, gratuitas…]

[Y digo yo: qué proyecto más bonito el que voy a supervisar hasta marzo: uno hasta lo haría gratis… Y ciertamente yo nunca jamás comprendí la reverencia a Umbral. Probablemente Umbral y la gente de su cuerda son la pesadilla de la que la prosa peninsular quiere (espera) despertar algún lejano día. Cuando abra los ojos por sí misma o un mágico beso, se limpie la babita de la comisura de la boca y abomine al fin de todos ellos empezará a tener algo que hacer…]

La vuelta al cole

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Full of certainties and reasons,

or uncertainties and reason,

full of reasons as a conch contains the sea,

they wait; for the term’s first bell;

for another mismatched wrestle through the year;

for a teacher who’s religious in his art,

a wizard of a sort, to call the role

cause people

to appear.

The best look like the swinging door

to the Opera just before

the Marx Brothers break through.

The worst — debased,

on the back row,

as far as one can go

from speech –

are walls where childish scribbling’s been erased;

are stones

to teach.

And I am paid to ask them questions:

Dare man proceed by need alone?

Did Esau like

his pottage?

Is any heart in order after Belsen?

And when one stops to think, I’ll catch his heel,

put scissors to him, excavate his chest!

Watch, freshmen, for my words about the past

can make you turn your back. I wait to throw,

most foul, most foul, the future in your face.


El poema, “Freshmen”, lo escribe Barry Spacks y lo selecciona Robert Pinsky para el Washington Post. Me pregunto hasta qué punto algo de lo que dice podría aplicarse a España… y ahí hay un problema. Este año que empieza tengo bajo mi responsabilidad a siete estudiantes: seis por licenciarse y yo por doctorarme. Todo un año para solamente siete individuos, parece un regalo.

Lo sublime de los cojones es un proceso

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rayos

Esto lo había visto en varios sitios hace ya tiempo, pero justo hoy uno de los poquísimos blogs que visito traía las presas eléctricas que caza Michael Bath.

The trompet shall sound

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clive monica

El video. Sacado de Fleshbot. Porque hay veces que es posible inventarse y producir la mayor fantasía de la forma más absurda y paródica sin que pierda por ello nada de su atractivo ni su poder.

Sin cita ni contraste ni mayor aparato. Hay cosas que es imprescindible servir crudas. Dedicada, por el gusto común, obviamente a Marta.

Estas que me dictó la dulce Musa

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Las notas introductorias al principio de los libros son el equivalente a un cauteloso carraspeo del escritor, a un tímido aclararse la garganta antes de comenzar a contar la historia. Las notas de agradecimiento al final de los libros son, en cambio, un desaforado grito de felicidad. Este, aquí, es un grito largo, fuerte, con ganas de ser oído de lejos. Uno de esos gritos de independencia mexicana. Un grito definitivamente alegriforme. Un grito que grita. Motivos para gritar no le faltan, le sobran. Es un placer gritar así.

De este modo comienza a terminar Rodrigo Fresán su, me repito, muy recomendable Mantra, que nunca llegó a entrar en mi tesis. Cosas que pasan. Lo mejor de haberla terminado en una explosión de creatividad sostenida que pacientemente uno esperó y sintió dentro de sí cuando fue de verdad precisa es poder pensar ahora en dedicarse a escribir artículos sobre todas esas novelas a las que no se les pudo hacer justicia en una tesis que fue una dislocación. La Musa se apareció y me exprimió durante diecinueve mañanas, tardes y noches. Ahora es cuestión de volver a invocarla con muchos de esos proyectos aplazados y recién imaginados. Ibn Luanda seguramente podrá citar alguna explicación neurológica del fenómeno de la inspiración. Yo quise dedicarle una vez toda una tesis doctoral, en torno a las apariciones de la misma en las obras de mi don Luis. Digamos, con Chryssie y mi tocayo: Don’t disrespect the Muse.

Esta no es la última vez que se leerá aquí de ella, pero uno vuelve de verdad el lunes que viene. Undécimo otoño del lado de allá. Para pensarse muchas cosas. Y de repente uno sintiéndose con 26 otra vez.

Gracias a Mona por la imagen. No mencionemos a Ovidio, Brueghel, Auden y, sobre todo, William Carlos Williams…

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