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Strangers from the City call my baby’s number

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Ultimately, though, the “trouble with indie rock” may have far more to do with another post-Reagan social shift, one with even less upside than the black-white story, and that’s the widening gap between rich and poor. There is no question on which side most indie rock falls. It’s a cliche to picture indie musicians and fans as well-off “hipsters” busily gentrifying neighborhoods, but compared to previous post-punk generations, the particular kind of indie rock Frere-Jones complains about is more blatantly upper-middle class and liberal-arts-college-based, and less self-aware or politicized about it.

With its true spiritual center in Richard Florida-lauded “creative” college towns such as Portland, Ore., this is the music of young “knowledge workers” in training, and that has sonic consequences: Rather than body-centered, it is bookish and nerdy; rather than being instrumentally or vocally virtuosic, it shows off its chops via its range of allusions and high concepts with the kind of fluency both postmodern pop culture and higher education teach its listeners to admire. [...]

Among at least a subset of (the younger) musicians and fans, this class separation has made indie more openly snobbish and narrow-minded. In the darkest interpretation, one could look at the split between a harmony-and-lyrics-oriented indie field and a rhythm-and-dance-specialized rap/R&B scene as mirroring the developing global split between an internationalist, educated comprador class (in which musically, one week Berlin is hot, the next Sweden, the next Canada, the next Brazil) and a far less mobile, menial-labor market (consider the more confining, though often musically exciting, regionalism that Frere-Jones outlines in hip-hop). The elite status and media sway that indie rock enjoys, disproportionate to its popularity, is one reason the cultural politics of indie musicians and fans require discussion in the first place, a point I wish Frere-Jones had clarified in The New Yorker; perhaps in that context it goes without saying.

The profile of this university demographic often includes a sojourn in extended adolescence, comprising graduate degrees, internships, foreign jaunts, and so on, which easily can last until their early 30s. Unlike in the early 1990s, when this was perceived as a form of generational exclusion and protested in “slacker”/grunge music, it’s now been normalized as a passage to later-life career success. Its musical consequences might include an open but less urgent expression of sexuality, or else a leaning to the twee, sexless, childhood nostalgia that many older critics (including both Frere-Jones and me) find puzzling and irritating. Female and queer artists still have pressing sexual issues and identities to explore and celebrate, but the straight boys often seem to fall back on performing their haplessness and hyper-sensitivity. (Pity the indie-rock girlfriend.)

Desde el primer instante que los oí percibí algo extremadamente irritante acerca de los Arcade Fire, algo que de forma instintiva me hacía detestarlos a la vez que despreciarlos. Pensé que no podía ser de otra manera tras saber que eran de Montreal, pero con el tiempo su primer album me llegó a gustar (mucho) y el que la gente sea de Canadá ya me la suda. El desprecio, sin embargo, persiste puro e intenso como el primer día. Tampoco sorprende tanto en el caso de alguien que escribe vagas letras sobre putos niños de los cojones, en vez de los puñetazos de, digamos, ‘Spare Parts’. Gracias a estos párrafos de este artículo de Slate ahora veo bien por qué. Supongo que es, exactamente, por lo mismo que a muchos les (nos) gusta Roberto Bolaño. Por lo mismo que nos fascina la obra de esos dos chicos jodidos de esa tierra baldía cultural que es New Jersey. No se equivoquen, todo ese aprecio gafipasta por Los Soprano y el retonno de Springsteen a la relevancia vienen exacta, exactamente del mismo sitio.

La foto que ven es también, cómo no, canadiense. Sin sangre. Tan sin sangre, tan de “desarrollo detenido” como tantas cosas, esta entrada la primera. For there’s such a thing as too much lube.

What’s wrong with Rossini?

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cuentoperfecto

Consejos sobre el arte de escribir cuentos

Roberto Bolaño

Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.

1) Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7) Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!

8 ) Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9) La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10) Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11) Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

Avalovara, noviembre de 2001

[Sospecho que un cuento perfecto ha de ser el equivalente de la escalera de la foto,  mancha incluida: una breve estancia, una decena de pasos exploratorios por la ciudad borgiana de los inmortales. Otro equivalente probable, esta pareja de balcones. Cortesía de]

[Lo que me hace preguntarme, ya que esto son "errores", quién podría ser el equivalente arquitectónico de Proust, Faulkner, Pynchon, de todos aquellos de prosa excesiva, farragosa, innecesaria, plena de fallos que son fallas buscadas, paródicas, gratuitas...]

[Y digo yo: qué proyecto más bonito el que voy a supervisar hasta marzo: uno hasta lo haría gratis... Y ciertamente yo nunca jamás comprendí la reverencia a Umbral. Probablemente Umbral y la gente de su cuerda son la pesadilla de la que la prosa peninsular quiere (espera) despertar algún lejano día. Cuando abra los ojos por sí misma o un mágico beso, se limpie la babita de la comisura de la boca y abomine al fin de todos ellos empezará a tener algo que hacer...]

Ese no es país de viejos

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Ese no es país de viejos. Jóvenes
en otros brazos, pájaros en árboles,
–generaciones que mueren–cantando,
los ríos de salmones, mar de atunes,
pez, carne o ave loan en verano
aquello que se engendra, nace y muere.
En música sensual presos ignoran
estatuas de una mente que no cambia.

Un viejo es una cosa deleznable,
harapos sobre un palo, a menos que
palmas dé el alma y cante y cante alto
por cada harapo en su traje mortal,
ni hay escuelas de canto salvo estudio
de estatuas de su propia majestad;
y así he cruzado mares, y llegado
a la ciudad sagrada de Bizancio.

Sabios en fuego sagrado de Dios
como en mosaico de oro sobre un muro,
bajad del fuego, esa peonza que gira,
maestros de música sed para mi alma.
Quemad mi corazón; preso en deseo
y atado a un animal agonizante
no sabe lo que es; luego engarzadme
a ese el artificio de lo eterno.

No tomaré, atrás naturaleza,
forma que sea de algo natural,
sino una como orfebres griegos hagan
de láminas de oro, esmalte de oro,
y así al Emperador tener despierto;
o posado en rama de oro cantar
a damas y señores de Bizancio
del pasado, o qué pasa, o pasará.

Llega la última película de los hermanos Coen, No Country for Old Men, inspirada en la novela homónima de Cormac McCarthy, ese gigante, autor de la intraducible Blood Meridian. El título, obviamente, viene del poema de Yeats y para la ocasión he rescatado de las ruinas de mi primer blog esta traducción, que “suena bien”, según el responsable de la antología bilingüe del irlandés publicada en Lumen. Si no fuera un amigo sería para celebrarlo.

El trailer en distintos volúmenes.

Pues nada, ya que estamos

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Ese procedimiento o ambición de los antiguos hombres ha sido sujetado por Frazer a una conveniente ley general, la de la simpatía, que postula un vínculo inevitable entre cosas distantes, ya porque su figura es igual -magia imitativa, homeopática-, ya por el hecho de una cercanía anterior -magia contagiosa. Ilustración de la segunda era el ungüento curativo de Kenelm Digby, que se aplicaba no a la vendada herida sino al acero delincuente que la infirió -mientras aquélla, sin el rigor de bárbaras curaciones, iba cicatrizando. De la primera los ejemplos son infinitos. Los pieles rojas de Nebraska revestían cueros crujientes de bisonte con la cornamenta y la crin y machacaban día y noche sobre el desierto un baile tormentoso, para que los bisontes llegaran. Los hechiceros de la Australia Central se infieren una herida en el antebrazo que hace correr la sangre, para que el cielo imitativo o coherente se desangre en lluvia también. Los malayos de la Península suelen atormentar o denigrar una imagen de cera, para que perezca su original. Las mujeres estériles de Sumatra cuidan un niño de madera y lo adornan, para que sea fecundo su vientre. Por iguales razones de analogía, la raíz amarilla de la cúrcuma sirvió para combatir la ictericia, y la infusión de ortigas debió contrarrestar la urticaria. El catálogo entero de esos atroces o irrisorios ejemplos es de enumeración imposible; creo, sin embargo, haber alegado bastantes para demostrar que la magia es la coronación o pesadilla de lo causal, no su contradicción. El milagro no es menos forastero en ese universo que en el de los astrónomos. Todas las leyes naturales lo rigen, y otras imaginarias. Para el supersticioso, hay una necesaria conexión no sólo entre un balazo y un muerto, sino entre un muerta y una maltratada efigie de cera o la rotura profética de un espejo o la sal que se vuelca o trece comensales terribles.

De El arte narrativo y la magia, de Jorge Luis Borges. No viene a cuento de ná, pero como me he tomado la molestia de buscar la cita y colgarla en otro sitio, se me ha ocurrido que ya puestos lo podía hacer también aquí. Gracias a quien yo me sé di con este interesante post sobre las bases psicológicas de la creencia las conspiraciones, esas estructuras que aparecen una y otra vez en la obra del miope y finalmente ciego Borges.

Cuando el tacto vale más que el sentimiento, la amistad de la orgía no es sincera

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Hoy tenía pensado escribir un tutorial veraniego, pero un acontecimiento exclusivo de mi nacionalidad (es decir, que no importa demasiado en un medio español) me lleva a estar un poco triste, o más bien, desganado para la broma frívola. Aprovecho, entonces, mi estado de ánimo con nubarrones para conversar con ustedes, por fin, sobre Six Feet Under. Para conversar sobre la muerte.

Claro que escribir sobre Six Feet Under trasciende un poco el plano televisivo. Se trata más bien de hablar sobre una novela filosófica planteada en cinco extensos capítulos audiovisuales. No, no exagero. Cuando recuerdo escenas sueltas de esta serie me ocurre algo novedoso: mi cerebro cree que estoy recordando un libro, no unas imágenesen movimiento. Que estoy recordando un texto inolvidable.

A veces hay aromas tan intensos que parecen sabores. A veces hay amigos que cuentan tan bien un viaje que más tarde, años después, creemos haber estado allí, en ese sitio que nunca hemos pisado. Y también a veces (muy poquitas) hay programas de televisión tan palpables que parecen literatura, que se asemejan al puro y duro texto fatal leído por la noche, con esa hipnosis babeante que te dejan las grandes obras de papel.

Hernán Casciari, triste por la muerte de Fontanarrosa y dolido por cómo ha pasado apenas sin mención por este país, se echa a reflexionar sobre Six Feet Under. Como estoy a mediados de la quinta no he leído el post, aunque dudo que derive ninguna información inapropiada. En todo caso, será una golosina para salvar el bajón de que termine. Inmensa serie lírica, pienso, no novelística, mucho más directa que los infinitamente más complejos Sopranos… pero acaso por ello más conmovedora. Los Fisher somos nosotros; los Soprano, monstruos que acaso, en una revelación siniestra… somos nosotros. Ninguna serie me ha afectado más como me afectó ésta en enero y febrero: nadie quiere ser Nate Fisher en la primera temporada. Ninguna serie, creo, ha reflejado mejor la relación entre hermanos adultos que se quieren como se quieren tantos hermanos y se ayudan como pueden a través del montón de mierda que la vida les va echando poco a poco encima…

Post dedicado, por supuesto, a don Enrique, que me metió por el mejor de los caminos…

[Fontanarrosa ha muerto pero los aforismos de Ernesto Esteban Etchenique continúan con nosotros. Cortesía de Ostap, ese artista. Y cito:

El árbol se ríe del hacha. Así le va.

Si dices que lo tienes en un puño... muy pequeño ha de ser tu enemigo!

Cuando alcancé la Sabiduría, ella me miró y dijo: "Ya me alcanza cualquiera".

Lo llamaron científico, estadista y pensador. Pero nunca fue tan feliz como cuando lo llamaron "Bichi".

El optimista ve la copa medio llena. El pesimista la ve medio vacía. El borracho la ve doble.

No vale más el singular topacio que el vulgar cascote. Pero si me dais a elegir... dadme el topacio.

Muy distinto es no decir lo que se piensa que no pensar lo que se dice.

No encuentra brevedad en el aforismo el tartamudo.

El hombre probo y pío es mitad santo y mitad pollito.

El ciego, al lavarse la cara, se reconoce.

Simula reír la hiena. Pero no entiende los chistes.

El Todo es la Nada que hizo fortuna.

Reprobé a mi hijo. También el mísero mosquito lleva mi sangre.

"La tierra para quién la trabaja", dijo el sepulturero.

El amor es ciego. Practica Braille con tu amada.

En este mismo instante, leo esto, y me siento un imbécil.

Quise conocerme a mi mismo. Cuando me hallé, estaba muy cambiado

El pájaro es libre. Lo sería aun más de ser soltero.

El loro plagia las palabras, pero quien está preso es el canario.

Cuando el tacto vale más que el sentimiento, la amistad de la orgía no es sincera.

Dios aprieta pero no ahorca ni cae en el sadismo.

"Prediqué en el desierto" (proverbio árabe)

Fin de cita]

“Say a word for…”

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# Perhaps that is why — more than their sex lives or bank accounts — chief executives keep their libraries private.
# “Everyone reads everyone,” said Professor Miller, who teaches at the University of California, Berkeley.
# Prince’s priorities are obvious. The main one is getting his music to an audience, whether it’s purchased or not.
# Ah, the difficulties of being human in the age of the new science museum!
# “I slept three hours in the last two days in the rain,” she said after emerging from the store with her copy. “I’m going to go and read one chapter and then go to sleep.”
# France is this bizarre country where if the writers are often failed men of action, the men of action are always failed writers.
#When it comes to changing The Journal, “I also think he’ll go slow, at least at first,” because Mr. Murdoch “doesn’t want to jeopardize the brand he’s buying.”
# Rorty had a knack for making everything that is difficult in philosophy seem easier, more agreeable, less of a big deal.
# Hello Kitschy
# But Brown and other advocates of the terror-as-crime view are not necessarily under any delusions about jihadist thinking. Rather, they maintain that preventing terrorism requires winning the hearts and minds of actual human beings
# Why did you decide on a small-town setting instead of the big city? Big cities are harder to draw.
#Now, as a National Intelligence Estimate released last week makes clear, the Bush White House finds itself in a similar predicament. Al Qaeda has reconstituted itself in the wild west tribal areas of Pakistan. It is stronger than at any time in years, and it is actively plotting new attacks.
#But could voters accept a president who believes in the Book of Mormon? What about one who believes in the Old Testament but not the New? Or one who venerates Muhammad, or Buddha?

Así, entre artículos del NY Times leídos enteros, a mitad, abandonados nada más ver el titular, guardados para luego, no se pasa la vida, esa cosa vaga que en su indefinición no duele (apenas), pero sí se mata esta idealmente perfecta mañana de domingo…

Makes Nothing Happen

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You’ve said the press treats you unfairly. Here are the nine most recent articles about you, courtesy of Google News.
Oh, no, I don’t want to know.

“Sienna Miller’s Love Affair With Wine.”
What?!

“Is Sienna Miller Too Skinny?,” “Knightley and Miller’s High-Calorie Curry Diet,” “Sienna Miller Dumped by James Burke,” “Sienna Miller Tags After Uninterested Jude Law,” “Sienna Miller and Keira Knightley Swap Parties for Board Games,” “Sienna Miller Tries to Bribe Barman,” “Fashion Disaster: Sienna Miller,” and “Sienna Miller’s F-Word Fury at the Paparazzi.”
Oh, God, it makes me feel sick.

So they’re not all true? Not even the board games?
Keira and I played Perudo, a Mexican dice game, while we were in Wales. A curry diet? Absolutely not true. I’m not too skinny—definitely not at the moment. Oh—don’t ever read that to me again. Absolute crap. Mental! Anyway, I’ll go upstairs and hang myself right now.

La cara de Sienna Miller no es la de Helena y no ha de sorprender que por ella no zarpen mil navíos. Llama la atención, no obstante, tanta divergencia, tanto fracaso. Se estrena Interview, adaptación de una película original de Theo Van Gogh dirigida ahora por Steve Buscemi, detrás de algunos de los mejores episodios de Los Soprano: pero en la tele lo que importa es la escritura. No gusta ni en Salon ni en el NY Times. Buena para las tablas, no la gran pantalla. New York Mag entrevista a Miller.

Aunque lo que de verdad quería decirles es que Harold Bloom tiene razón y Harry Potter no crea un amor duradero a la lectura. Los críos dejan de leer por placer cuando llegan a la adolescencia en los mismos porcentajes que antes de que se publicaran sus siete y cada vez más largas novelas. Nada nuevo, pues, desde 1997. Ni siquiera, para ellos, que ahora haya mucho de que hablar en MySpace, mucho que ver en YouTube, mucha web que visitar…

NEW ENGLAND WHITE

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The average voter is not held in much esteem by economists and political scientists, and Caplan rehearses some of the reasons for this. The argument of his book, though, is that economists and political scientists have misunderstood the problem. They think that most voters are ignorant about political issues; Caplan thinks that most voters are wrong about the issues, which is a different matter, and that their wrong ideas lead to policies that make society as a whole worse off. We tend to assume that if the government enacts bad policies, it’s because the system isn’t working properly—and it isn’t working properly because voters are poorly informed, or they’re subject to demagoguery, or special interests thwart the public’s interest. Caplan thinks that these conditions are endemic to democracy. They are not distortions of the process; they are what you would expect to find in a system designed to serve the wishes of the people. “Democracy fails,” he says, “because it does what voters want.” It is sometimes said that the best cure for the ills of democracy is more democracy. Caplan thinks that the best cure is less democracy. He doesn’t quite say that the world ought to be run by economists, but he comes pretty close.

Louis Menand, filólogo de Harvard, escribe una reseña de “The Myth of the Rational Voter: Why Democracies Choose Bad Politics”, escrito por un profesor de económicas de la muy anarcoqué antidemocratista George Manson University. Eso ocurre mientras el escritor Will Self se va de paseo por el Jura en una reedición del Ministry of Walks y el profesor de Yale Stephen L. Carter publica una novela de asesinatos entre académicos en una ciudad clavaíta a New Haven. La imagen (más grande) sale de aquí cortada con las ilustraciones de Martin (mi favorita) y si ésta llega de Brasil aquélla no recuerdo do la hallé.

[Se abre una puerta y entonces entra un niño raro]

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Toda nuestra existencia no es más que una más o menos rápida preparación para esa inexistencia a la que vamos accediendo de a poco pero sin pausa ni pause. Recordamos para olvidar, amamos para odiar, vivimos para morir, aparecemos para desaparecer. Nuestra realidad siempre acaba siendo un espectro: primero para los demás y después, casi enseguida, para nosotros mismos. Nada se puede hacer para evitarlo y nunca entendí del todo por qué aparecido es sinónimo de fantasma cuando, en realidad, un fantasma es un desaparecido, un alma en pena condenada fuera de tiempo y de lugar, una presencia inoportuna. Un fantasma es más un desaparecido que un aparecido, y de un modo u otro todos [95] todos acabamos siendo un fantasma para alguien.

Fresán, Rodrigo. Mantra. Barcelona: Mondadori, 2001. 94-95.

Dedíquese esto a don Alberto. Y si le pueden meter mano al libro, háganlo. No es Bolaño pero sí es muy digno de atención. Por lo pronto yo ya le voy a dedicar 10 páginas de mis 200, en un capítulo sobre el uso de la ciencia ficción para acercarse a esa megalópolis apocalíptica (Monsiváis dixit) que es México DF. Porque el DF es CF, o eso dicen.

Si al menos, en esta novela de mil citas, dejara más clara su deuda a Infinite Jest de David Foster Wallace…

Your sex life will improve too.

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You think your wife installed spyware on your computer (she has) so you are going to have to stop Googling her sister (her sister is one of those girls from the early days of Myspace who got a million friends because she wears glittery thong bikinis in all of her pictures) and start Googling things like “What do I do when I love my wife so much that I doubt I’ll ever be able to express my love adequately?” and “How do I make my wife even happier?” and “The opposite of looking at pictures of my wife’s sister.”

Not to be outdone, you should install spyware on your wife’s computer to keep her on the up and up. She’ll have already suspected that you’ll start monitoring her, so she’s going to stop Googling “Ways To Disappear Fast and Without a Trace” and, since you’re paying attention, she’ll start searching for things like “Ways to get my husband to be more considerate of my feelings” and “Ways to get my husband to agree to remodel the master bathroom” and “How do I tell my husband I know his spyware history is bullshit?”

It won’t be long before you and your wife are talking more than ever via your spyware histories. She’ll check your history one morning and find nothing but “Why do spouses resort to passive aggressive behavior?” and “Undermining wives and how to deal with them” and she’ll realize that she really hurt you the night before when she made that joke in front of the neighbors about you being skipped over for your promotion. So you’ll later check her history and find, “Ways to tell your husband you’re sorry” and “Tips on expressing just how proud you are of your spouse.”

El día que Slate trae una galería fotográfica para conmemorar el día de la independencia argentina resulta que en Girls Are Pretty se celebra el “You And Your Wife Only Communicate Via Spyware Histories Day!”. Mientras, en Hazteoír, hay gente que desciende a los más viscosos abismos de lo grotesco con la cara perfectamente seria.

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