~ Archive for Sic Transit ~

Feast on your life

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Hace justo siete años rompí sin duda un espejo cuando pisé por primera vez la ciudad en la que ahora vivo. Ayer también se rompió algo. Esperemos que todo termine. La foto es de una serie sobre Venecia que ya puse aquí, la última entrada antes de que llegara el cambio. El titular es también de un post antiguo, de hace muchísimo tiempo, casi un año.

Otoño en el Delta

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Esta noche justamente soñé (es muy raro que sueñe, o más bien que lo recuerde) con la muchacha a la que le presté hace años mi copia de La conjura de los necios… y ahora doy con estas fotos de las calles por las que Ignatius circula perdido sin geometría ni teología. Será cuestión de pedirle que se me devuelva…

Hasta la casa y más allá

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Por todo esto cuando las cosas empiezan a marchar un poco bien la gente lo tiene claro. Compra tierras. Los inmuebles son un excelente termómetro, un fiel reflejo de las expectativas y de la capacidad de gasto/inversión de los ciudadanos. Si tenemos algo de pasta y las expectativas son favorables es normal que compremos la casa. Si los generosos contribuyentes europeos nos dan un pastón que te cagas por llevar pienso, recoger la mierda y ordeñar unas vacas o por tener una plantación de girasoles agostados, nos compramos una casa. Si nos han dado un despacho, visa de empresa y un pastizal al mes por hacer presentaciones de PowerPoint con citas de SunTzu, nos compramos una casa. Si nos hemos forrado poniendo un chiringuito de tunear coches al lado del centro comercial, nos compraremos una casa. Si estamos en la oficina hasta las tantas y volvemos follados para ver si podemos ver al niño despierto nos habremos comprado ya una casa, o si nos encanta que pongan CSI los lunes porque llegamos hechos una mierda y sin ganas de pensar, o si por la mañana curramos de teleoperatriz y por la tarde hacemos lo que creemos que es lo nuestro, probablemente nos compremos una casa en algún momento. Todo eso, los madrugones con la boca pastosa de 10, 15, 20 años, los días sin ver apenas la luz o las primaveras que no hemos disfrutado; las películas que no hemos visto o las chicas que no hemos conocido porque al día siguiente trabajábamos, todo se sacrifica a un único objetivo. La casa.

A ver, Pierre lo borda en cada entrada y destacar algún detalle implica una injusticia con otros igualmente meritorios, pero es que este párrafo, especialmente el final, me ha llegado al alma.

Vrai, un Dimanche sous ciel gris

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Estas semanas todo el mundo se fija en ese país que lleva acomplejado desde la derrota de Sedán (la Belle Epoque y la Tercera República son un tiempo traumáticamente aterrado al saber que por cada dos soldados franceses en el campo de batalla los alemanes tienen tres), ese país que cuesta reconocer hoy como avanzada alguna vez de las nuevas tecnologías, como el cine. Ese país del que cuesta mencionar figuras relevantes en las últimas décadas, figuras relevantes de verdad. Una de ellas propone en el 2007 “utopías de la modernidad” desde un tablero de dibujo, afirma satisfecho que el infierno son los demás, que no construyen y mantienen lo que perfecto nació de su cabeza como Atenea, y suelta máximas de mandarín: “La crítica arquitectónica es a la arquitectura lo que la ornitología a los pájaros”. En torno al último francés relevante (o conocido) en la literatura contaba Roberto Bolaño este sueño:

“Soñé que Georges Perec tenía tres años y lloraba desconsoladamente. Yo intentaba calmarlo. Lo tomaba en brazos, le compraba golosinas, libros para pintar. Luego nos íbamos al Paseo Marítimo de Nueva York y mientras él jugaba en el tobogán yo me decía a mí mismo: no sirvo para nada, pero serviré para cuidarte, nadie te hará daño, nadie intentará matarte. Después se ponía a llover y volvíamos tranquilamente a casa. ¿Pero dónde estaba nuestra casa?”

Si con respecto a Francia así se sienten los detectives salvajes ex-troskistas que en realidad son socialdemócratas o social-liberales, mal les va, a Francia y a ellos (o a nosotros). ¿Adónde ir? No hay que sorprenderse de que se acabe, sino de que haya durado tanto, o de que a otros les dure o lo parezca. Aunque si Dios fue capaz de detener el curso del sol para que Josué siguiera masacrando a sus enemigos, nada, ciertamente, es quizá imposible…

21 de marzo

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Y rosas de todos los colores. Felicidades a todos que hemos llegado por fin desde el invierno… Y a ti.

Colige Rosam

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Hay que coger la rosa aquí y ahora, aunque duela…

No sé de dónde saqué la imagen en Flickr, sí que la vida da muchas vueltas.

Hace mucho tiempo…

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For the ultimate in solipsism, check out Twitter.com, a site where—once you register—you can answer the question, “What are you doing?” At 7:47 a.m. on Monday, for example, Lynda was going to get a glass of cold water. This raises more questions than it answers. Did she get it? Was it cold enough? Tragically, we’ll never know until someone starts a site about what you were doing before what you’re doing now. Or possibly an interactive site about what you are going to do next after you finish doing what you’re doing now. There could be multiple options. People could vote. Hey, someone call Google. We’re rich!

Increíble que aún haya gente ganándose dinero escribiendo artículos como éste. Solipsism is so 90s. Sorprenderse de las cosas que hace la gente en la web es tan 90s. Es tan 90s mencionar, de entre todos los ejemplos, este sitio “about nothing”.¿Cinismo o nostalgia por un momento en el que una invención tecnológica ofreció una cierta inocencia?

Sic Transit

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Entonces es cuando mejor se percibe que la historia no se construye a sí misma ni se encamina a una meta sino que se retuerce y rompe, descompuesta en mil fragmentos cada uno de los cuales trata de negar actualidad al otro para salir airoso de la prueba del tiempo. Y hasta asciende y llega a convertirse en deseo un apetito de discontinuidad, un principio de individuación que no acertará a compenetrarse con el disciplinado curso de una sociedad–son números y fachadas más que personas y lugares–que apunta a su aniquilación.

Benet, Juan. Viaje de invierno. 2nd Ed. Ed. Diego Martínez Torrón. Madrid: Cátedra, 1989. 290.

Uds. me perdonen el coñazo que vengo dando con Benet, el verano pasado fue igual pero con Bolaño, que no proporciona citas tan apañás para la tesis como un ingeniero de caminos. Visto lo visto, se inaugura una nueva categoría, la de ruinas y jirones del tiempo. Poco a poco reeditaremos lo pasado para echarlo a este cajón. Empezamos con estos lugares olvidados, cortesía de Fred.

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