~ Archive for TV/Cine ~

Strangers from the City call my baby’s number

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Ultimately, though, the “trouble with indie rock” may have far more to do with another post-Reagan social shift, one with even less upside than the black-white story, and that’s the widening gap between rich and poor. There is no question on which side most indie rock falls. It’s a cliche to picture indie musicians and fans as well-off “hipsters” busily gentrifying neighborhoods, but compared to previous post-punk generations, the particular kind of indie rock Frere-Jones complains about is more blatantly upper-middle class and liberal-arts-college-based, and less self-aware or politicized about it.

With its true spiritual center in Richard Florida-lauded “creative” college towns such as Portland, Ore., this is the music of young “knowledge workers” in training, and that has sonic consequences: Rather than body-centered, it is bookish and nerdy; rather than being instrumentally or vocally virtuosic, it shows off its chops via its range of allusions and high concepts with the kind of fluency both postmodern pop culture and higher education teach its listeners to admire. [...]

Among at least a subset of (the younger) musicians and fans, this class separation has made indie more openly snobbish and narrow-minded. In the darkest interpretation, one could look at the split between a harmony-and-lyrics-oriented indie field and a rhythm-and-dance-specialized rap/R&B scene as mirroring the developing global split between an internationalist, educated comprador class (in which musically, one week Berlin is hot, the next Sweden, the next Canada, the next Brazil) and a far less mobile, menial-labor market (consider the more confining, though often musically exciting, regionalism that Frere-Jones outlines in hip-hop). The elite status and media sway that indie rock enjoys, disproportionate to its popularity, is one reason the cultural politics of indie musicians and fans require discussion in the first place, a point I wish Frere-Jones had clarified in The New Yorker; perhaps in that context it goes without saying.

The profile of this university demographic often includes a sojourn in extended adolescence, comprising graduate degrees, internships, foreign jaunts, and so on, which easily can last until their early 30s. Unlike in the early 1990s, when this was perceived as a form of generational exclusion and protested in “slacker”/grunge music, it’s now been normalized as a passage to later-life career success. Its musical consequences might include an open but less urgent expression of sexuality, or else a leaning to the twee, sexless, childhood nostalgia that many older critics (including both Frere-Jones and me) find puzzling and irritating. Female and queer artists still have pressing sexual issues and identities to explore and celebrate, but the straight boys often seem to fall back on performing their haplessness and hyper-sensitivity. (Pity the indie-rock girlfriend.)

Desde el primer instante que los oí percibí algo extremadamente irritante acerca de los Arcade Fire, algo que de forma instintiva me hacía detestarlos a la vez que despreciarlos. Pensé que no podía ser de otra manera tras saber que eran de Montreal, pero con el tiempo su primer album me llegó a gustar (mucho) y el que la gente sea de Canadá ya me la suda. El desprecio, sin embargo, persiste puro e intenso como el primer día. Tampoco sorprende tanto en el caso de alguien que escribe vagas letras sobre putos niños de los cojones, en vez de los puñetazos de, digamos, ‘Spare Parts’. Gracias a estos párrafos de este artículo de Slate ahora veo bien por qué. Supongo que es, exactamente, por lo mismo que a muchos les (nos) gusta Roberto Bolaño. Por lo mismo que nos fascina la obra de esos dos chicos jodidos de esa tierra baldía cultural que es New Jersey. No se equivoquen, todo ese aprecio gafipasta por Los Soprano y el retonno de Springsteen a la relevancia vienen exacta, exactamente del mismo sitio.

La foto que ven es también, cómo no, canadiense. Sin sangre. Tan sin sangre, tan de “desarrollo detenido” como tantas cosas, esta entrada la primera. For there’s such a thing as too much lube.

Sign here

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La imagen:

cherry

La ocasión.

El momento al que nos remite para llenarnos de nostalgia.

El comentario personal lo sabrán tan sólo doña Marta y don Enrique, al que hay que agradecerle la foto y el enlace.

[Ya que estamos... clic, clic, clic, clic, clic, clic, clic]

The trompet shall sound

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clive monica

El video. Sacado de Fleshbot. Porque hay veces que es posible inventarse y producir la mayor fantasía de la forma más absurda y paródica sin que pierda por ello nada de su atractivo ni su poder.

Sin cita ni contraste ni mayor aparato. Hay cosas que es imprescindible servir crudas. Dedicada, por el gusto común, obviamente a Marta.

The wonder of the show is that nothing ever feels overworked

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simpsons

The Iraq war is lost. Of course, neither the President nor the war’s intellectual architects are prepared to admit this. Nonetheless, the specter of defeat shapes their thinking in telling ways.

The case for the war is no longer defined by the benefits of winning—a stable Iraq, democracy on the march in the Middle East, the collapse of the evil Iranian and Syrian regimes—but by the consequences of defeat. As President Bush put it, “The consequences of failure in Iraq would be death and destruction in the Middle East and here in America.”

Tellingly, the Iraq war’s intellectual boosters, while insisting the surge is working, are moving to assign blame for defeat. And they have already picked their target: the American people. In The Weekly Standard, Tom Donnelly, a fellow at the neoconservative American Enterprise Institute, wrote, “Those who believe the war is already lost—call it the Clinton-Lugar axis—are mounting a surge of their own. Ground won in Iraq becomes ground lost at home.” Lugar provoked Donnelly’s anger by noting that the American people had lost confidence in Bush’s Iraq strategy as demonstrated by the Democratic takeover of both houses of Congress. (This “blame the American people” approach has, through repetition, almost become the accepted explanation for the outcome in Vietnam, attributing defeat to a loss of public support and not to fifteen years of military failure.)

A Fred Kaplan el plan de Peter W. Galbraith para abandonar Irak le parece, a estas alturas del partido, el menos malo. Mientras, se estrenan Los Simpsons: La película:

The latter, especially, is a favorite “Simpsons” theme, but what keeps it from ever being cloying, in the show and in the movie, is the way Groening and his writers so persistently revel in bad parenting — a bold, gleeful exaggeration of the style of parenting many of us grew up with, in the ’50s and ’60s and into the ’70s, when parents raised kids even as they were also busy smoking and drinking in the backyard, instead of organizing every minute around the children’s activities and imagined needs.

Sabias palabras.

Ese no es país de viejos

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Ese no es país de viejos. Jóvenes
en otros brazos, pájaros en árboles,
–generaciones que mueren–cantando,
los ríos de salmones, mar de atunes,
pez, carne o ave loan en verano
aquello que se engendra, nace y muere.
En música sensual presos ignoran
estatuas de una mente que no cambia.

Un viejo es una cosa deleznable,
harapos sobre un palo, a menos que
palmas dé el alma y cante y cante alto
por cada harapo en su traje mortal,
ni hay escuelas de canto salvo estudio
de estatuas de su propia majestad;
y así he cruzado mares, y llegado
a la ciudad sagrada de Bizancio.

Sabios en fuego sagrado de Dios
como en mosaico de oro sobre un muro,
bajad del fuego, esa peonza que gira,
maestros de música sed para mi alma.
Quemad mi corazón; preso en deseo
y atado a un animal agonizante
no sabe lo que es; luego engarzadme
a ese el artificio de lo eterno.

No tomaré, atrás naturaleza,
forma que sea de algo natural,
sino una como orfebres griegos hagan
de láminas de oro, esmalte de oro,
y así al Emperador tener despierto;
o posado en rama de oro cantar
a damas y señores de Bizancio
del pasado, o qué pasa, o pasará.

Llega la última película de los hermanos Coen, No Country for Old Men, inspirada en la novela homónima de Cormac McCarthy, ese gigante, autor de la intraducible Blood Meridian. El título, obviamente, viene del poema de Yeats y para la ocasión he rescatado de las ruinas de mi primer blog esta traducción, que “suena bien”, según el responsable de la antología bilingüe del irlandés publicada en Lumen. Si no fuera un amigo sería para celebrarlo.

El trailer en distintos volúmenes.

Cuando el tacto vale más que el sentimiento, la amistad de la orgía no es sincera

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Hoy tenía pensado escribir un tutorial veraniego, pero un acontecimiento exclusivo de mi nacionalidad (es decir, que no importa demasiado en un medio español) me lleva a estar un poco triste, o más bien, desganado para la broma frívola. Aprovecho, entonces, mi estado de ánimo con nubarrones para conversar con ustedes, por fin, sobre Six Feet Under. Para conversar sobre la muerte.

Claro que escribir sobre Six Feet Under trasciende un poco el plano televisivo. Se trata más bien de hablar sobre una novela filosófica planteada en cinco extensos capítulos audiovisuales. No, no exagero. Cuando recuerdo escenas sueltas de esta serie me ocurre algo novedoso: mi cerebro cree que estoy recordando un libro, no unas imágenesen movimiento. Que estoy recordando un texto inolvidable.

A veces hay aromas tan intensos que parecen sabores. A veces hay amigos que cuentan tan bien un viaje que más tarde, años después, creemos haber estado allí, en ese sitio que nunca hemos pisado. Y también a veces (muy poquitas) hay programas de televisión tan palpables que parecen literatura, que se asemejan al puro y duro texto fatal leído por la noche, con esa hipnosis babeante que te dejan las grandes obras de papel.

Hernán Casciari, triste por la muerte de Fontanarrosa y dolido por cómo ha pasado apenas sin mención por este país, se echa a reflexionar sobre Six Feet Under. Como estoy a mediados de la quinta no he leído el post, aunque dudo que derive ninguna información inapropiada. En todo caso, será una golosina para salvar el bajón de que termine. Inmensa serie lírica, pienso, no novelística, mucho más directa que los infinitamente más complejos Sopranos… pero acaso por ello más conmovedora. Los Fisher somos nosotros; los Soprano, monstruos que acaso, en una revelación siniestra… somos nosotros. Ninguna serie me ha afectado más como me afectó ésta en enero y febrero: nadie quiere ser Nate Fisher en la primera temporada. Ninguna serie, creo, ha reflejado mejor la relación entre hermanos adultos que se quieren como se quieren tantos hermanos y se ayudan como pueden a través del montón de mierda que la vida les va echando poco a poco encima…

Post dedicado, por supuesto, a don Enrique, que me metió por el mejor de los caminos…

[Fontanarrosa ha muerto pero los aforismos de Ernesto Esteban Etchenique continúan con nosotros. Cortesía de Ostap, ese artista. Y cito:

El árbol se ríe del hacha. Así le va.

Si dices que lo tienes en un puño... muy pequeño ha de ser tu enemigo!

Cuando alcancé la Sabiduría, ella me miró y dijo: "Ya me alcanza cualquiera".

Lo llamaron científico, estadista y pensador. Pero nunca fue tan feliz como cuando lo llamaron "Bichi".

El optimista ve la copa medio llena. El pesimista la ve medio vacía. El borracho la ve doble.

No vale más el singular topacio que el vulgar cascote. Pero si me dais a elegir... dadme el topacio.

Muy distinto es no decir lo que se piensa que no pensar lo que se dice.

No encuentra brevedad en el aforismo el tartamudo.

El hombre probo y pío es mitad santo y mitad pollito.

El ciego, al lavarse la cara, se reconoce.

Simula reír la hiena. Pero no entiende los chistes.

El Todo es la Nada que hizo fortuna.

Reprobé a mi hijo. También el mísero mosquito lleva mi sangre.

"La tierra para quién la trabaja", dijo el sepulturero.

El amor es ciego. Practica Braille con tu amada.

En este mismo instante, leo esto, y me siento un imbécil.

Quise conocerme a mi mismo. Cuando me hallé, estaba muy cambiado

El pájaro es libre. Lo sería aun más de ser soltero.

El loro plagia las palabras, pero quien está preso es el canario.

Cuando el tacto vale más que el sentimiento, la amistad de la orgía no es sincera.

Dios aprieta pero no ahorca ni cae en el sadismo.

"Prediqué en el desierto" (proverbio árabe)

Fin de cita]

Makes Nothing Happen

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You’ve said the press treats you unfairly. Here are the nine most recent articles about you, courtesy of Google News.
Oh, no, I don’t want to know.

“Sienna Miller’s Love Affair With Wine.”
What?!

“Is Sienna Miller Too Skinny?,” “Knightley and Miller’s High-Calorie Curry Diet,” “Sienna Miller Dumped by James Burke,” “Sienna Miller Tags After Uninterested Jude Law,” “Sienna Miller and Keira Knightley Swap Parties for Board Games,” “Sienna Miller Tries to Bribe Barman,” “Fashion Disaster: Sienna Miller,” and “Sienna Miller’s F-Word Fury at the Paparazzi.”
Oh, God, it makes me feel sick.

So they’re not all true? Not even the board games?
Keira and I played Perudo, a Mexican dice game, while we were in Wales. A curry diet? Absolutely not true. I’m not too skinny—definitely not at the moment. Oh—don’t ever read that to me again. Absolute crap. Mental! Anyway, I’ll go upstairs and hang myself right now.

La cara de Sienna Miller no es la de Helena y no ha de sorprender que por ella no zarpen mil navíos. Llama la atención, no obstante, tanta divergencia, tanto fracaso. Se estrena Interview, adaptación de una película original de Theo Van Gogh dirigida ahora por Steve Buscemi, detrás de algunos de los mejores episodios de Los Soprano: pero en la tele lo que importa es la escritura. No gusta ni en Salon ni en el NY Times. Buena para las tablas, no la gran pantalla. New York Mag entrevista a Miller.

Aunque lo que de verdad quería decirles es que Harold Bloom tiene razón y Harry Potter no crea un amor duradero a la lectura. Los críos dejan de leer por placer cuando llegan a la adolescencia en los mismos porcentajes que antes de que se publicaran sus siete y cada vez más largas novelas. Nada nuevo, pues, desde 1997. Ni siquiera, para ellos, que ahora haya mucho de que hablar en MySpace, mucho que ver en YouTube, mucha web que visitar…

[Insert favorite one-liner]

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Gracias a Coudal, Monty Python video wall. Hala, ya no hagan nada el resto del día.

Gracias a Pruned, la imagen arquitectónica más absurda que he visto en mucho tiempo. Contexto.

Gracias a wu… bueno, el blog de wu. Todo espléndido.

Ratatouille (ergo, pisto) arrasa entre los críticos: NYT, Slate, Salon.

Un momento irrelevante por muchos motivos o no quiero leer esta historia sobre Hilton. Via.

“Keep cool but care”

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Over two years later, she distributed the missive to 107 women professionals, photographed them reading it and invited them to analyse it, according to their job. The ex’s grammar and syntax have been torn apart by a copy editor, his manners rubbished by an etiquette consultant and his lines pored over by Talmudic scholars. He has been re-ordered by a crossword-setter, evaluated by a judge, shot up by a markswoman, second-guessed by a chess player and performed by actress Jeanne Moreau. A forensic psychiatrist decided he was a “twisted manipulator”. The temple to a woman scorned is entitled “Take care of yourself” (Prenez soin de vois), immortalising lines that Calle, if she hadn’t had recourse to the international art world, might have read again and again in tears.

Considero que abundan las personas que “en vez de tratar de atrapar un trozo de realidad intensa y sacarlo fuera del tiempo se dedican a la carrera literaria”. Para Andreu, un poema que merezca la pena ser tenido en cuenta le tiene que hacer sentir: “Un poema está verdaderamente bien escrito cuando tiene nivel de exaltación e intensidad. Vive, respira y camina. Te altera la realidad”. ¿Qué busca cuando escribe? “La belleza interior, los sentimientos dignos de ser puestos por escrito, lo que no se ve en el exterior. El poema no te tiene que contar sino darte y eso es lo que hace la gran poesía. No te cuenta un sentimiento amoroso. Los poemas los habitas”.

La primera cita es de este artículo sobre la Bienal de Venecia, obviamente para quien ya sabemos. El segundo está exactamente en la línea de lo que Bolaño decía sobre todos esos escritores latinoamericanos que estaban en esto porque de algo hay que vivir, y que recibían becas para ir a universidades del Medio Oeste y/o daban clases allá. Sin embargo, desconfíese de la satisfacción con la que algunos críticos (lectores profesionales) acogen este repudio: en muchos de ellos hay un escritor que no ha sido, que no es, o que ya saben que nunca será y por ello cuanto más ancha la fisura entre los escritores deleznables y los otros, los importantes, los de verdad, menor tal vez el dolor. La imagen es de una niña de veintiún años de las afueras de Chicago que se dedica a echarse fotos y colgarlas en Flickr y se siente halagada cuando le dicen que se parece a Christina Ricci; alguien que ya participa en exposiciones y vende imágenes y protesta cuando le dicen que no se dedique a eso, que no conviene. Desde el centro de ese estuche tan mono para sus anticonceptivos la (nos) mira fijamente un ojo negro despintado.

PS. Un par de últimos enlaces sobre Los Soprano (1, 2). Uno no puede menos que recordar la página en negro de Tristram Shandy. En cualquier caso (NO SIGAN LEYENDO si no lo vieron), el sentir el final del último episodio como una afrenta contra los televidentes, como un dedo corazón extendido a ellos, como una forma de querer volverlos locos con preguntas, como un ataque malévolamente personal, el pensar “¿Pero cómo este hijo de la gran puta ME puede hacer esto A MI?” es una forma de sentarse en el mismo sillón en el que durante ocho años se ha sentado Tony repitiendo una y otra vez “pobrecito yo” (tal y como su madre y Gloria Trillo le gritaban sarcásticamente “Poor you!”), en vez de reconocer que ese episodio, ese momento, Tony, la obra de David Chase, tienen vida propia y pasan y son y viven por su cuenta mientras nosotros los miramos. No. Yo, yo, yo, yo, yo. El centro de los ocho años de sátira de Chase.

[DE VERDAD, NO SIGAN LEYENDO] .

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Da igual cuál sea el destino final de mi tocayo. Sin su mejor amigo Jackie ni su recuerdo en la forma de Jackie Jr.; sin otro gran amigo, Big Pussy; sin la única amante que le hizo soñar con un nuevo principio, Gloria Trillo; sin su primo Tony B.; sin Christopher; sin la Dra. Melfi; sin ni siquiera su cuñado Bobby; sin Silvio. Así termina Tony, sentado afuera de Satriale’s con el ahora insoportable Paulie, atrapado con él como atrapados están Vladimir y Estragon en Waiting for Godot , sin el cariño cierto que hay entre ellos, con la agresividad de los personajes de Sartre en Huit Clos. Si nos ponemos, su hija Meadow, su gran esperanza, nunca será como su vecino Cusamano y además va a casarse con el hijo de un subalterno, a quien encima le mató un hermano por traidor. Da igual que Tony salga respirando o no del restaurante: está ya muerto en muchísimos sentidos…

“¿Qué hay detrás de la ventana?”

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Y después un cuadrado de aristas intermitentes. Así terminan Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, de 1998, en una clara referencia al final de Rayuela, de 1963, en la que no sabemos cuál es la suerte final de Oliveira en su ventana. Ninguna de las dos es un extremo artístico de nada, y ambas, de una forma u otra, mantienen un fuerte sentido de la narratividad y del hilo argumental por más que sea en forma de puzzle. Nada que ver, digamos, con el hermetismo las tres primeras de Juan Benet o su Saúl ante Samuel. Y en todo caso siempre un lector “furtivo”, como lo describe Michel de Certeau, encontrará dónde tomar aquí y allá aquello que le proporcione una dosis de placer, frente al neurótico lector “ingeniero” que asume que la vaca es esférica y se irrita si se encuentra con demasiados epsilones que no puede eliminar. Uno deja el texto fluir y pesca en río revuelto, el otro ha de construir una presa y anegar un territorio perfectamente válido y fértil para remansar el agua, detenerla, y someterla a su control. Curioso que Juan Benet le guste tanto a este lector furtivo que va por la literatura dando las gracias por lo que de valor se encuentra de forma arbitraria, y sea a la vez el ejemplo máximo de resistencia a esos lectores ingenieros que solamente conciben el texto en términos de lucha entre autor y lector, en el que uno le niega al otro el dominio que desea sobre el primero, y el otro grita y lo acusa de insoportable elitista y bobo hermético.

Como comprenderán obviamente a estas alturas, no estoy hablando de Cortázar ni Benet ni Bolaño ni de lector hembra/macho ni de nada por el estilo, sino de David Chase y el último episodio de Los soprano. Resulta desoladora la irritación de tantos seguidores de la serie por lo que demuestra: el extremado primitivismo de la serie de televisión como género narrativo. Lo que Bolaño y Cortázar hacen parece perfectamente asumible por quienes han puesto el grito en el cielo al ver lo mismo en la pantalla, gritos de gente en muchos casos de ésa que está suscrita al New Yorker y demás o le gusta pasar la tarde leyendo en el Borders o Barnes & Noble del barrio (o el suburbio, más bien). En fin. Adiós, familia. No creo que haya película. A menos de que renazca incontenible el odio que Chase siente por la serie, un odio que productivamente se filtra en cada instante para que salten chispas por la fricción entre Chase, su material y su público, que es aquello que verdaderamente odia por encima de todas las cosas. O con probabilidad se trate de las convenciones del género, y los espectadores atrapados en ella sufren inocentemente como daños colaterales. En cualquier caso, sólo entonces, con esa oleada de desprecio y resentimiento, puede que Chase destruya cualquier buen recuerdo que tengamos de la serie con una película que es muy difícil que no sea decepcionante.

Divago. Lo que sigue es una lista de enlaces que probablemente irá aumentando. Hoy, San Antonio de Padua, es día apropiado para despedir a mi tocayo y terminar con la bendita estrechez de miras que este blog ha padecido y demostrado en estas últimas semanas. Empiezo con los dos maestros, Heather Havrilevsky (aka Polly Esther)en Salon y el crítico del Star Ledger. Intento no revelar nada, pero sigan leyendo por su cuenta y riesgo.

# “Is Chase brilliant for so thoroughly subverting our expectations, or … is he just an asshole?”
# “Who knew that the music of Journey could be used so ironically?” ¿Irónicamente? ¿Seguro?
# Entrevista a David Chase, quien ve muchos problemas para que haya una película. Una idea interesante: “Chase noted that often his favorite part of the show was the characters telling stories about the good ol’ days of Tony’s parents. Just a guess, but if Chase ever does a movie spinoff, it’ll be set in Newark in the’60s”.
# El decepcionante artículo del NY Times. Gocen, no obstante, con la bilis que rezuman los comentarios. Cortesía de Enrique.
# También en el NY Times pero mucho más interesante, la respuesta de los creadores de series de televisión. Boquiabiertos los ha dejado Chase. Me recuerda a aquello que decía Capote en los cincuenta, sobre cómo iban todos más o menos mientras la locomotora faulkneriana seguía arrasando camino adelante sin parar.
# “It’s part Fellini, part Rod Serling — and way too much Coppola being fried up for our comfort”. Una reseña en el WP.
# “But “The Sopranos” was not judgmental. It could be maddeningly neutral and even amoral; Tony Soprano, so powerfully played by James Gandolfini, could be a vicious killer one moment and dear old daddy the next. He loomed a giant figure from the first episode to last night’s blistering and shattering finale”. La otra reseña en el WP.
# “Isn’t that something that far all his sins [...], many of us still didn’t want Tony to die. Talk about painting a brilliant antihero for all time — THIS is where Chase applied his masterstroke. We (like Melfi) were often conflicted about Tony - not unlike how many of us are conflicted over the show’s finish”. El chat del crítico de televisión del WP.
# La airada y gloriosamente cómica reacción de los fans, incluyendo cambios en la Wikipedia propios de la pezonada negra (¿pero son verdaderamente fans? Se puede amar sin comprender en absoluto aquello que se ama, ¿pero cuánto vale ese amor? ¿Qué derechos da? O tal vez nunca vale nada ni da ningún derecho. O tal vez debería empezar a escribir un blog íntimo, adoptar la voz de una bloguera serena, lograr una columna en el Vale).
# El intercambio de mensajes en Slate, bastante decepcionante, qué quieren que les diga, salvo por el hecho de que uno de los corresponsales demuestra que un email que pretende demostrar que sí, que ocurre X, es un hoax o al menos está lleno de errores, empezando por la prueba principal. Sospecho, no obstante, que Luis del Pino tiene pezones negros sopranescos que lucharán hasta el fin contra la verdad oficial.
# Confieso, confieso, confieso que me he bajado la canción. Los ochenta fueron absolutamente abominables y lo único que supera el brillo que les da la nostalgia de los que los recuerdan es el brillo que les da la nostalgia prestada de quienes no los recuerdan. En fin, todo lo que nunca quisieron saber sobre “Don’t stop believin’” de Journey.
# “But the point of the song playing is that you just don’t give up, life goes on even if you’re the Sopranos. It doesn’t matter what you do for a living. In the midst of his turbulent life and everything, there’s always this sense of family and this sense of dreams and hopes for some kind of normalcy – some kind of don’t-give-up, don’t-stop-believing feeling. I actually shouted “All right!” at the end”. Un tipo feliz, Steve Perry. Su canción cierra la mejor serie de TV de la historia. Confieso que, en lo que es un puro acto de fe, estoy de acuerdo con él en lo que respecta al final. Cortesía de Enrique, cuya (relativa) juventud (afirmo) y genes italianos (afirma) le hacen ser más benevolente con las horteradas musicales de los ochenta, e incluso más que benevolente (confiesa).

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